DOLARIZACIÓN Y DESDOLARIZACIÓN: UN ANÁLISIS TÉCNICO, HISTÓRICO E INTERNACIONAL, PARTE III

ISADORE NABI

dolarización y desdolarización en ecuador

i. antecedentes históricos: feriado bancario y congelamiento de fondos como punto álgido de la crisis del modelo neoliberal ecuatoriano alrededor de 1998

El reemplazamiento monetario realizado en Ecuador hacia el dólar estadounidense es un caso de dolarización total, en el sentido antes definido en esta investigación. Como se puede verificar en (Roura, 2020), las razones técnicas argumentadas (con independencia de su correctitud o no), tanto por el gobierno ecuatoriano como por los intelectuales a favor del reemplazamiento en cuestión, para adoptar el dólar estadounidense cobraron sentido entre la población en un contexto alrededor del fenómeno económico conocido como feriado bancario (de cinco días de duración) y del congelamiento legal de cuentas bancarias durante un año (para prevenir retiros masivos y evitar una hiperinflación), que en conjunto fueron el período álgido de la peor crisis económica que Ecuador había vivido ese entonces, como señala (Hernández M. C., 2020). Así, se deben estudiar antes las razones que condujeron al feriado bancario del 8 de marzo de 1999 y al posterior congelamiento de cuentas.

Como señala (Basantes, 2020), el factor financiero fundamental, dentro de los factores de carácter financiero que conformaron parte del conjunto de condiciones necesarias y suficientes (que son tanto económicas como financieras) para el estallido de la crisis general ecuatoriana, se estableció en 1994, cuando durante el gobierno de Sixto Durán Ballén se aprobó la Ley General de Instituciones Financieras. La ley permitía los llamados “créditos vinculados” —préstamos bancarios a empresas, accionistas y administradores del banco que lo otorgaba. Con las nuevas medidas de Durán Ballén “los bancos abusaron de esta disminución de regulación y generaron todo ese abuso de los créditos vinculados”, dice el economista Diego Borja, quien es el especialista entrevistado por Basantes. Ello combinado con factores más profundos, de carácter económico, así como otra serie de factores complementarios de carácter exógeno, fue lo que permitió el estallido de la crisis general ecuatoriana en 1999. Precisamente es esto lo que se expondrá a continuación.

Tanto desde la perspectiva fiscal (Banco Central del Ecuador, 2021, pág. 1) como desde la perspectiva monetaria (Banco Central del Ecuador, 2020, pág. 1) las instituciones oficiales del Ecuador afirman que la razón fundamental que produjo el estallido (no debe confundirse estallido con génesis, puesto que lo primero sólo es la manifestación violenta de lo segundo) de la crisis económica ecuatoriana de 1999 obedeció a que durante 1997 y 1998 la presencia del fenómeno de El Niño afectó la producción nacional[1], especialmente la actividad agropecuaria de la costa ecuatoriana, la cual debió enfrentar serias dificultades debido a la destrucción de gran parte de la infraestructura productiva y de la red vial. Así, afirman que esto alteró el ciclo económico y agravó las tendencias negativas latentes en materia de evolución de la inflación, solvencia del sistema financiero y de la propia estabilidad macroeconómica, es decir, de las debilidades estructurales latentes del sistema económico ecuatoriano.

Los problemas agropecuarios exógenos fueron el detonante de la crisis, como bien señala el Banco Central del Ecuador (BCE, de ahora en adelante), al igual que la pandemia COVID-19 lo fue de la crisis económica planetaria existente en 2020-2021. Por supuesto, la crisis económica en sí misma no obedeció a los problemas agropecuarios, sino precisamente a la dinámica natural del sistema económico ecuatoriano, de ahí que el BCE hable de una “alteración del ciclo económico” (anticipando la recesión, en este caso) y, principalmente, de “tendencias negativas latentes en materia de evolución de inflación, solvencia del sistema financiero y de la propia estabilidad macroeconómica”. Tan claro como la luz en un día soleado.

Sin embargo, en relación a la situación del sector agropecuario ecuatoriano con antelación al fenómeno climático que dio inicio a su crisis (El Niño), es necesario dejar claras algunas cuestiones.

Ateniéndose únicamente a lo planteado por el BCE y la institucionalidad oficial, alguien podría pensar que el sector agropecuario no tenía ninguna precondición a la aparición de El Niño. Por supuesto, nada más alejado de la realidad.

Como se señala en (Bravo, 2008, págs. 7-8), diversos estudios muestran el uso de la ayuda alimentaria como un instrumento de la política exterior de Estados Unidos[2].

Ecuador recibió ayuda alimentaria como parte del programa de Alimentos para el Progreso, que provee commodities[3] como un reconocimiento a los países que habían llevado a cabo reformas económicas o agrícolas “de mercado”, i.e., neoliberales, pactadas a realizar entre el gobierno ecuatoriano y el gobierno estadounidense en 1991, las cuales recogía el documento curiosamente titulado “Programa de Alimentos para el Progreso en Ecuador”.

¿A qué se comprometía el gobierno ecuatoriano en concreto? A la eliminación de aranceles para productos sensibles como maíz, arroz y soya; a cambios en el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP); apoyo a dos fundaciones, en concreto al Instituto de Estrategias Agropecuarias (IDEA) y a la Fundación para el Desarrollo Agropecuario (FUNDAGRO) con la finalidad de que promoviesen el cambio de políticas económicas en el país. Las ONG nunca han estado y nunca estarán desvinculadas de la política y creer en su neutralidad puede resultar en sesgos sistemáticos no-óptimos en el análisis de los fenómenos sociales que las involucren de manera relevante.

Entrando en algunos detalles, se estableció la remoción de las licencias previas que restringen la libre importación y exportación de maíz, sorgo, soya, torta de soya y la eliminación del sistema de cuotas para la importación y exportación de aceites vegetales y sebos. A fin de dar un conveniente amparo a la producción local, el Gobierno del país importador, podrá considerar mantener algunas tarifas arancelarias (entre el 15 y el 25% ad valorem), distinguiéndose entre la materia prima y los productos elaborados de origen nacional. En el caso del maíz, esa tarifa fue reducida del 65% a aproximadamente el 5% (igual que en la importación del sorgo).

Además, se planteó otorgar la autonomía institucional al Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias y proveer de suficiente aporte presupuestario para la investigación agrícola (una vez establecida su independencia, debe resaltarse). Así, se estableció que el gobierno del país importador (Ecuador) tramitaría y dictaría una nueva ley para la operación del INIAP que incluya un incremento del presupuesto[4] para la investigación y la creación de un fondo patrimonial.

Para cuando apareció el fenómeno climático El Niño en 1998, el modelo neoliberal en el sector agropecuario se había comenzado a instaurar fácticamente más de veinte años antes (en la década de los 80) y formalmente siete años antes (1991), precisamente son esas las debilidades estructurales a las que antes se hacía alusión citando al Banco Central del Ecuador.

La dinámica natural a la que antes se hizo alusión no es otra que la dinámica de un sistema de economía política capitalista, la que no se entrará a estudiar porque se aleja de los fines de esta investigación, pero que en general fue delineada por Marx y es la misma que se observa en todos los países de América Latina y del sistema capitalista planetario visto como un todo. Sin embargo, esta investigación hace especial énfasis en América Latina, que es el territorio que contiene los casos de reemplazamiento monetario (específicamente de dolarización) aquí investigados. Por supuesto, se puede exponer su estructura fundamental de forma sintética.

Como se verifica en (Martín-Mayoral, 2009, pág. 120), las políticas fundamentalistas de libre mercado tienen su génesis en el Ecuador a partir de la década de los 80. Por supuesto, fue hasta después de la caída del Muro de Berlín que Estados Unidos impulsó sistemática y formalmente esta visión económica a escala planetaria, a partir de la década de los 90, a través del documento elaborado por John Williamson titulado como “What Washington Means by Policy Reform”, conocido popularmente como consenso de Washington (CW), presentado en 1989. Ese fue el caldo de cultivo que sentaría las bases para la crisis económica que estalló en 1999 a raíz de los problemas agropecuarios del Ecuador por el fenómeno natural El Niño.

Por otro lado, como se señala en (Ecuador en vivo, 2020), factores externos como la crisis asiática (1997) y brasileña (1998), el desplome del precio del petróleo en más de USD$10 por barril y el estreñimiento del crédito por parte de prestamistas internacionales en un contexto de ahogamiento de  externa (que alcanzaba el 100% del PIB) contribuyeron de forma complementaria a la formación de las bases de la crisis que estalló en 1999 en Ecuador.

Por supuesto, el empleo inadecuado de los fondos bancarios por parte de los altos ejecutivos (resultante de las “exuberantes” comisiones que ofrecen los accionistas a cambio de maximizar la rentabilidad) en conjunto con la corrupción derivada del inadecuado ejercicio del poder burocrático por parte de los políticos profesionales, así como también la ineficiencia de funcionarios públicos no capacitados para ejercer sus funciones (lo cual es otra forma de corrupción, indudablemente), siempre complementan inexorablemente el conjunto de políticas económicas y públicas en general delineadas por Williamson en el documento antes citado.

Así, señala (Robalino, 2021) que esta crisis financiera se originó en el gobierno de Sixto Durán Ballén y Alberto Dahik, precisamente los promotores del neoliberalismo en Ecuador. En 1994 crearon la Ley de Instituciones Financieras, que liberalizó las tasas de interés y permitió la libre circulación de capitales y el aumento de los créditos vinculados, que proliferaron sin control. Esta situación generó especulación, fuga de capitales y quiebra de bancos. Las políticas del entonces presidente de la República, Jamil Mahuad, agudizaron aún más la crisis.

Así, señala Robalino, en 1998 el poder financiero se volvió evidente. Banqueros como Fernando Aspiazu financiaron la campaña de Mahuad y otros formaron parte de su gabinete. Se establecieron políticas de “salvataje bancario” que permitieron la entrega de créditos millonarios a la banca, a través de instituciones públicas. En el Congreso Nacional, la famosa “aplanadora”, conformada por el Partido Social Cristiano y la Democracia Popular, creó leyes e instituciones, como la Agencia de Garantía de Depósitos (AGD), para que el Estado se haga cargo de las s de la banca privada. Además, reporta (Mesías, 2002, págs. 127-131) que:

  1. La calidad de la información financiera fue regular y existieron balances maquillados y/o prácticas que ocultaron la realidad financiera de las entidades evaluadas. Esto implica que hubo una inadecuada supervisión financiera por parte de la Superintendencia de Bancos del Ecuador (de ahora en adelante, SB).
  2. Se realizan intervenciones tardías e inadecuadas por la SB.
  3. No hubo medidas preventivas, ni correctivas, ni siquiera un monitoreo adecuado, por parte de la SB.
  4. La SB no diferenció al realizar su supervisión entre el riesgo de los bancos intervenidos y el resto del sistema bancario, lo que a todas luces afectó la ejecución de sus políticas preventivas del colapso del sistema bancario y del sistema financiero en general por ello.
  5. Luego de haber analizado la conducta de los clientes en relación con sus depósitos, se desprende que más de la mitad de los bancos tuvieron una tendencia a captar una cantidad superior de depósitos antes de haber sido intervenidos, siendo esta cantidad también superior a la captada por el resto del sistema bancario. En consecuencia, los clientes escogieron básicamente a los bancos con mayor riesgo (intervenidos) en razón de que no pudieron advertir, a través de señales (balances mensuales e índices financieros) emitidas por la SB, la situación individual de las instituciones bancarias.
  6. La ética empresarial de los bancos, sus ejecutivos y sus accionistas tampoco fue óptima. Los bancos privados no informaban a los clientes de su situación de intervención, por el contrario, realizaron estrategias de mercadeo orientadas a atraer a los potenciales clientes con tasas de interés pasivas correspondientes a los distintos plazos existentes. Así, señala la investigadora citada que, durante el período analizado por ella (1993-1999), se observó una relación positiva significativa (78.32%) entre los depósitos totales e intereses pasivos de 84 a 91 días.

Este conjunto de circunstancias, en la jerarquía definida, condujo al feriado bancario y al posterior congelamiento de fondos. Ahora bien, ¿cómo se manifestaron y desarrollaron una vez manifestados ambos fenómenos? Según (Montalvo-Oleas, 2020, pág. 64), “El feriado bancario dispuesto por el Superintendente de Bancos el 8 de marzo de 1999 no tuvo, en su inicio, la intención de preparar el congelamiento de los depósitos de los clientes del sistema financiero ecuatoriano. La secuencia de eventos sucedidos en esa semana, en la que también se realizó un paro nacional en protesta contra otras medidas económicas tomadas por el gobierno (10-11 de marzo), y en especial la declaración del estado de movilización del sistema financiero y de sus clientes (en el que se sustentó el congelamiento de los depósitos) indican que durante esa inusual semana las autoridades del gobierno reaccionaron conforme evolucionaban los acontecimientos. La información disponible evidencia que el feriado bancario no tuvo como objetivo preparar el congelamiento de los depósitos. Sin embargo, ambos eventos forman parte de la crisis financiera del Ecuador que culminó en la dolarización de su economía. A su vez, esta crisis se inscribe dentro de la etapa de inestabilidad monetaria y financiera iniciada en 1982 en la periferia del capitalismo con la crisis de la  externa mexicana.”

El autor añade que “El feriado bancario fue uno de los cinco hitos de la crisis financiera de fines del siglo pasado. El primero ocurrió en los meses iniciales de 1996 cuando, al conceder un crédito subordinado al Banco Continental, las autoridades económicas iniciaron un largo periodo de riesgo moral que terminó en 2000, una vez que el BCE ya había perdido sus funciones de prestamista de última instancia. El segundo, entre septiembre y noviembre de 1998, cuando el directorio del BCE aprobó varios créditos de liquidez en favor del Filanbanco, cediendo a las presiones políticas de las autoridades del gobierno. La aprobación de la Ley de Reordenamiento, en diciembre de 1998, contribuyó a profundizar la crisis al ofrecer incentivos para evitar el uso de los servicios financieros y promover la especulación cambiaria, restando liquidez a los bancos. El cuarto es el feriado bancario que trató de evitar, o al menos de retardar, el colapso del Banco del Progreso. Estos acontecimientos demuestran la importancia de las conexiones políticas en el manejo de la crisis.” (Montalvo-Oleas, 2020, pág. 64).

Así, “El quinto, y final, fue el congelamiento de los depósitos de los clientes del sistema financiero. Esta arbitraria decisión, vigente desde el 15 de marzo de 1999, fue declarada inconstitucional el 24 de diciembre de ese mismo año. Para entonces ya era irreversible el perjuicio irrogado a la función de medio de pago de la moneda nacional. Las decisiones tomadas en los cuatro eventos anteriores favorecieron la situación específica de entidades bancarias con fuertes conexiones políticas: el Banco Continental, con el gobierno conservador de Sixto Durán-Ballén; Filanbanco con los legisladores del PSC y del PRE; y el Banco del Progreso con el gobierno de la DP y los legisladores de este partido y del PSC. En última instancia, todos estos bancos quebraron, generaron graves perjuicios a sus clientes en todo el país. El feriado bancario ocurrió al final de la década de 1990, cuando los ajustes y reformas estructurales del neoliberalismo ya se habían consolidado en prácticamente todos los países de la región latinoamericana. En Ecuador este proceso no se ejecutó como una fiel transcripción de los principios de política económica prescritos por el CW. Más todavía, en el sector financiero se lo implementó en forma lenta e intermitente, y no estuvo dirigido, como en otros países, por una dirigencia hegemónica, dispuesta a apostar por las supuestas ventajas del CW. Esta peculiar adopción de los principios del CW no anuló la cultura corporativista practicada por las élites ecuatorianas, como lo prueban los diferentes procedimientos aplicados a entidades bancarias incursas en similares problemas de insolvencia. Los procesos de “saneamiento” ejecutados por la AGD se mantuvieron fieles a esta tradición. La Ley de reordenamiento en materia económica en el área tributario-financiera constituye el antecedente inmediato del feriado bancario. Por contener disposiciones tributarias que incentivaron a los agentes económicos a cambiar sucres por dólares y a evitar el uso de los servicios financieros, provocó la reducción de los niveles de liquidez en las entidades del sistema. Si bien esa disminución afectó a todas, es evidente que, con la medida tomada por el Superintendente de Bancos, el Banco del Progreso al menos pudo posponer su cierre definitivo.” (Montalvo-Oleas, 2020, págs. 64-65).

Por supuesto, el feriado bancario acarreó otras consecuencias. Al prolongarse durante la semana del 8 al 12 de marzo, también sirvió para reducir el riesgo político del paro nacional realizado el 10 y 11 de marzo. La misión del FMI, que había llegado al país para negociar los términos de una nueva carta de intención, lo abandonó cuando se quedó sin interlocutores por la renuncia de cuatro de los cinco miembros del directorio del BCE. Cuando se hizo público que parte de los fondos de la campaña presidencial de Jamil Mahuad provenía del sistema bancario, desaparecieron los últimos vestigios de respaldo al régimen del partido Democracia Popular (DP), como puede verificarse en (Montalvo-Oleas, 2020, pág. 65). Así, en abril de 1999, el Ejecutivo envió al Congreso un proyecto de ley para restablecer el impuesto a la renta y modificar otros tributos. Pero el legislativo determinó que el ICC sea deducible del impuesto a la renta, manteniendo la distorsión del mercado financiero introducida por la Ley de Reordenamiento. El mercado de CDR[5], que de cierta manera suplió la falta de liquidez provocada por la Ley de Reordenamiento y por el decreto ejecutivo n. 685, ahondó la desconfianza. Este resultado, más la dolarización de los portafolios de los agentes económicos, restaron buena parte de las funciones económicas del sucre, precipitando al país hacia la adopción del dólar como moneda de curso forzoso, argumentando que era la tabla de salvación ante una eminente hiperinflación (aumento del más del 50% mensual en los precios), que conduciría eventualmente a que la moneda nacional perdiese todo su valor, puesto que en apenas un año (de enero de 1999 a enero de 2000) se devaluó en más del 250%, según reporta (Ecuador en vivo, 2020).

Además de presentarse a la dolarización como una opción técnicamente válida para el cataclismo económico y financiero que explotó en el Ecuador a partir del 8 de marzo de 1999, posteriormente también se afirmó que la dolarización era lo mejor para el Ecuador debido a su tradición de indisciplina económica y fiscal.

Cualquiera podría pensar que en relación al segundo argumento es mejor corregir la indisciplina que perder la política monetaria, sin embargo, en relación al primer argumento no parece haber mucho qué objetar, puesto que el promedio anual de participación de la agricultura en el PIB total durante la década de los 90 fue, según (Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ecuador, 2016, pág. 98), del 21%.

La liberalización del sector agropecuario (con lo que ello implica a nivel de producción, empleo, calidad del empleo y precios a la luz de la experiencia internacional), en combinación con los efectos climáticos catastróficos ocasionados por El Niño, de una quiebra de 20 bancos [véase (Montalvo-Oleas, 2020, pág. 65)] producto de la crisis financiera[6] (derivada a su vez de la crisis económica que explotó con el fenómeno climático en cuestión) y de un nivel de centralización del capital financiero sin precedentes en la economía ecuatoriana [como resultado de la crisis general del capitalismo (de carácter económico y financiero) y que se expresa fundamentalmente en que tres entidades (dos domiciliadas en Quito y una en Guayaquil) tenían más del 52% de los activos de todos los bancos supervivientes y en que de los diez bancos más grandes (esto medido por el volumen de sus activos) tres eran extranjeros], parecería imponer (y a contrarreloj) la inexorable necesidad de estabilizar los precios para no llegar a un escenario hiperinflacionario que a su vez conduzca al fenómeno económico conocido como estanflación. Por supuesto, esta política se realizó bajo la lógica de que los privilegios de los grandes banqueros ecuatorianos y de los grandes capitalistas ecuatorianos en general no pueden modificarse a la baja y que el gobierno debe intervenir de forma mínima en el sistema económico, salvo para propiciar las ganancias de estos grandes capitalistas. Bajo otra visión del mundo las políticas seguramente habrían sido otras, si se tuviese además la suficiente correlación de fuerzas para ejecutarlas, puesto que evidentemente encontrarían resistencia por parte de los sectores de la sociedad que se benefician de que las cosas funcionen de tal forma y no de otra. De cualquier forma, el panorama financiero del Ecuador no era prometedor. Señala el autor que bajo la tutela de la AGD (Agencia de Garantía de Depósitos[7]) los bancos quebrados se denominaron en forma genérica “la banca en saneamiento.” Ésta representaba 53,4 por ciento de los activos y 60,9 por ciento de los pasivos del sistema bancario de antes de la crisis. Una vez efectuada la dolarización en Ecuador, conviene preguntarse qué ocurrió después.

Señala el autor referido que, al comenzar el siglo XXI, la AGD tenía 90.2% de los créditos vencidos de todo el sistema financiero y el país ya no contaba con una entidad prestamista de última instancia.

(Hernández M. C., 2020), quien entrevista para FRANCE 24 al presidente del Colegio de Economistas de Pichincha (una provincia ecuatoriana situada en el centro norte del país), señala que “La dolarización fue la última movida de Mahuad, señalado por su cercanía con la banca. Doce días después del anuncio de la medida, el presidente fue derrocado.” Por lo que no sólo la correlación de fuerzas económicas y financieras, sino también la correlación de fuerzas político-burocráticas y jurídicas estaban en concentración de los banqueros ecuatorianos. Así, con independencia de si se llegó a la dolarización de forma premeditada o no (es decir, de si la clase oligárquica ecuatoriana hizo lobismo para arribar premeditadamente -salvo El Niño, de origen natural- a ese apocalipsis económico y financiero que vivió el Ecuador o no), es un hecho que en su beneficio es que se llegó a la crisis y en su beneficio fue que se resolvió la crisis.

A pesar de ello, según (Hernández M. C., 2020), una de las ventajas de la dolarización, viendo las cosas en perspectiva veinte años después, fue la estabilidad monetaria que ha presentado el Ecuador, puesto que antes (con el sucre, la moneda nacional ecuatoriana previo a la dolarización) la devaluación, la inflación y las emisiones inorgánicas hacían volátil el valor del sucre y ello empobrecía a la clase media por cuanto los salarios reales, ceteris paribus, son más fácilmente erosionables en relación a un escenario en el que la moneda nacional es un dólar robusto como el que por aquel entonces (a diez años de la caída del Muro de Berlín) era el estadounidense.

Fuente: (Roura, 2020).

Además, señala la reportera, el déficit ahora no se puede cubrir con emisiones inorgánicas, se explicará esto un poco más. Como se señala en (Westreicher, 2019), la diferencia entre dinero orgánico e inorgánico es que el segundo es emitido sin respaldo real. Esto significa que se ha incrementado la base monetaria, pero no la cantidad de bienes y servicios en la economía. Esta terminología surge tras sustituir parcialmente (véase los anexos) el patrón oro por el respaldar la moneda con la producción interna del país. Entonces, cubrir el déficit con emisiones inorgánicas implica que el gobierno se en ilimitadamente con el banco central sin capacidad real de pago, es una forma de monetizar la deuda (proceso mediante el cual el gobierno se en progresivamente con el banco central).

Sin embargo, recoge la reportera de su entrevista con el economista Pablo Dávalos que “(…) “Para Dávalos, uno de los efectos positivos de la dolarización, una mayor capacidad adquisitiva, tiene también su lado oscuro. Afirma que la fortaleza del dólar, que permitió un dinamismo del consumo, dio pie a un proceso de desindustrialización y reprimarización porque se volvió más rentable importar que producir. Se produce una desindustrialización de la economía al extremo que se empiezan incluso a importar bienes agrícolas porque no existen políticas que apoyen la producción agrícola, porque es mucho más barato traer frutas de Perú u hortalizas y verduras de Colombia que producirlas en Ecuador (…) Para sostener el esquema de dolarización, se necesitan flujos positivos en balanza de pagos, aumentar las exportaciones y controlar las importaciones”, opina el experto.”

Por supuesto, hay voces que cuestionan este posicionamiento. Recoge Hernández que “Para George Selgin, director para las Alternativas monetarias y financieras del Instituto Cato, en Washington, la dolarización no es la causa de algunas fallas de la economía ecuatoriana, que persistirían aún sin implementar esta medida.

“Recientemente ha habido dificultades, el crecimiento se ha ralentizado, pero el principal problema es que Ecuador sigue siendo muy dependiente de sus exportaciones petroleras, entonces es inevitable que su economía oscile de acuerdo con el precio del crudo. Esta sería una realidad así no estuvieran dolarizados”, le dijo Selgin a este medio. Selgin considera que el hecho de que los ecuatorianos compren bienes en países vecinos porque el dólar es muy fuerte -algo que se ha visto como un efecto negativo de la dolarización- se debe principalmente a los altos aranceles de esos productos en Ecuador. “Bajar los aranceles con respecto a los países cercanos probablemente sería más beneficioso para los ecuatorianos que meterle mano a la dolarización”, añadió.”

Lo que dicen Dávalos y Selgin no son necesariamente mutuamente excluyentes, salvo que se lleve alguna de las dos posturas al extremo. La cuestión es que es verdad que la matriz productiva del Ecuador poco diversificada lo hace dependiente de los choques (perturbaciones exógenas al sistema económico), pero también es cierto que no tener política monetaria propia ata de manos a las autoridades para enfrentar dichos choques y puede generar además vulnerabilidad a otro tipo de choques. Por supuesto, los banqueros transnacionales (especialmente los fondos buitre), incluidos los banqueros que controlan las decisiones de los gobiernos de los países con mayor poder de voto en el FMI, son los que lamen sus colmillos cuando el desempeño del sistema económico ecuatoriano está por debajo de su potencial, debido a que en ese escenario la única forma de salvaguardar la dolarización es con el incremento de  externa[8], precisamente a través de organismos como, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por supuesto, un sistema económico cuyo funcionamiento está modelado por el consenso de Washington (fácticamente a partir de 1980 y formalmente desde 1991) muy difícilmente funcionará adecuadamente (a la luz de la experiencia en América Latina y Europa[9]), por lo que ello desencadenó una seguidilla de crisis políticas[10] a partir de 1996 que duró hasta la llegada de Rafael Correa al poder en el año 2007, que coincide con el desmantelamiento sistemático del modelo neoliberal del sistema económico ecuatoriano y la llamada “Revolución Ciudadana” enmarcada en el movimiento político latinoamericano conocido como “Socialismo del Siglo XXI”.

Fuente: Elaboración propia.

Tras lo planteado, conviene preguntarse por qué Rafael Correa no desmontó la dolarización en el Ecuador, a pesar de que en (Correa Delgado, Dolarización y desdolarización: más elementos para el debate. Comentarios al dossier de Íconos 19, 2004, pág. 89) señalaba que “Como también acertadamente señaló Fander Falconí, el debate sobre la dolarización real-mente involucra el porvenir económico y social de nuestros países. Significa superar simplismos como el “dogma de la estabilidad”, cuya expresión más extrema es, sin duda, la dolarización ecuatoriana. Un tipo de cambio fijo irreversible, en una economía abierta, pequeña y de baja productividad, es claramente un disparate técnico, que seguramente algún día controlará la inflación, pero probable-mente quebrando al sector real de la economía. Significa, como lo señalan Alberto Acosta, Carlos Parodi y Carlos Larrea, repensar la noción y estrategia de desarrollo, pues se trata de recuperar políticas económicas soberanas en función de verdaderos proyectos nacionales, e impedir que las economías y el bien común estén sujetos al arbitrio de la entelequia del mercado. Significa, como bien nos recuerda Emilia Ferraro, la necesidad de remediar la inconformidad de la población con un Estado y una identidad nacional desgastada. Es decir, recuperar nuestro capital social, destrozado por políticas económicas absurdas.”

Las razones de ello las revela Correa tanto en una ponencia académica realizada en Panamá (Correa Delgado, Rafael Correa: Porque no es tan fácil desmontar la dolarización, 2016) como en una entrevista realizada por CNN (Correa Delgado, Rafael Correa responde si Ecuador dejará de lado la dolarización, 2010). Sus argumentos se exponen a continuación.

Correa plantea que salir de la dolarización de forma exitosa a corto y mediano plazo es imposible, puesto que crearía trastornos económicos y sociales que asumiría la clase trabajadora. No debe creerse que el dinero electrónico crea medios de pago alternativos con los cuales se puede sustituir el dólar, puesto que estos sólo incrementan la velocidad de circulación del dinero.

El ex presidente explica que la dolarización se consumó en Ecuador porque se conjuntaron tanto la desesperación del pueblo por el drama económico y social imperante entonces y las presiones de los grupos de poder económico y político del Ecuador.

Correa señala que la dolarización fue inconstitucional, a la luz de la Constitución del Ecuador de 1998, lo cual es verdadero. En el artículo 264 de dicha constitución se señala que: “La emisión de moneda con poder liberatorio ilimitado será atribución exclusiva del Banco Central. La unidad monetaria es el Sucre, cuya relación de cambio con otras monedas será fijada por el Banco Central.” (Asamblea Constituyente de la República de Ecuador, 2002).

Además, Correa señala que la teoría detrás de la dolarización, como su fundamento técnico, es la teoría de las áreas monetarias óptimas[11]. Esta teoría establece que los requisitos para ser un área monetaria óptima son:

  1. Tener los mismos ciclos económicos, lo que deriva en la coincidencia de objetivos de política económica.
  2. Si no se cumple lo anterior, que exista perfecta movilidad laboral.

Los principales problemas de que no se cumplan los requisitos anteriores aparecen cuando el precio del dólar (o de la divisa que reemplazó a la moneda nacional) varía en sentido inverso a las necesidades de política económica de quien se dolariza.

Finalmente, Correa señala que el principal requisito para mantener la dolarización en niveles relativamente saludables es cumplir las siguientes medidas:

  1. Mejorar la competitividad sistémica[12] de cara al concierto internacional, lo cual se logra invirtiendo en I + D + i, vías de comunicación (carreteras, puertos, aeropuertos, etc.), lo cual Ecuador logró a través de inversión pública. Esto es así porque se logra que entren más dólares al lograr posicionar mejor los productos en el mercado mundial, puesto que implica un mayor volumen de ventas por parte de los exportadores nacionales y, por consiguiente, una entrada de dólares al país dolarizado (para este caso, Ecuador).
  2. Políticas para maximizar la eficiencia del sector público (ahorro de costos). Esto es así porque con ese tipo de ahorro público, no sólo se estimula la competitividad sistémica (estimulando la competitividad del sector público), sino que también no se sacrifican programas sociales que garanticen estándares de vida digna en la población.

iii. propuesta de desdolarización en ecuador

III.I. GENERALIDADES

Rafael Correa no adoptó medidas orientadas a la desdolarización de la economía ecuatoriana, sin embargo, un candidato presidencial de su partido, Andrés Araúz, aproximadamente cinco años después de que Correa saliese del poder, plantearía una propuesta de desdolarización, la primera propuesta realizada desde la izquierda ecuatoriana, aunque su nivel de especificación técnica es bajo, como toda propuesta de desdolarización hasta la fecha. Esta propuesta se localiza en (Araúz, Desdolarización mala y “desdolarización” buena, 2020) y en ella Araúz distingue una “desdolarización mala” y una “desdolarización buena”, las cuales se exponen íntegramente a continuación.

III.II. DESDOLARIZACIÓN “MALA”

La desdolarización mala tiene dos objetivos: la fuga de capitales y la devaluación del salario.

La fuga de capitales es lo que banqueros llaman libre movilidad de capitales o lo que la Ley Trole 1 del año 2000 llamaba “libre transferibilidad de divisas al exterior”. Es decir, plantean que la dolarización se mantenga fuera del Ecuador, para los excedentes de los capitalistas que se manejan en un sistema de pagos paralelo en Panamá, en Miami y en Nueva York. Las ganancias de los grandes capitalistas se lo guardan en el exterior, en dólares.

La devaluación del salario es el insistente pedido de “competitividad” plasmado en los acuerdos con el FMI y en la reciente muletilla de moda que la “realidad superó la legalidad” en alusión a la necesidad de romper los derechos laborales. Conscientes de que la ciudadanía, y la Constitución, es celosa con la no regresión de los derechos laborales, apelan al único instrumento remanente que les permitiría disminuir los sueldos: la devaluación de la moneda.

El FMI hablaba de una sobrevaloración salarial del 37%. En términos gruesos, buscarían que la nueva moneda reduzca el poder adquisitivo del trabajador. Que el salario real pase de 400 dólares a 250 dólares. La nueva moneda sufriría una devaluación inmediata, valdría el 60%. Pero las ganancias de las élites seguirían siendo en dólares, refugiadas en sus cuentas offshore en el exterior.

Una desdolarización mala comenzaría por pagar en la nueva moneda a los trabajadores del sector público, para los cuales no se priorizó la liquidez en la caja fiscal. ¿Cómo instrumentar una desdolarización mala? Imposible pensar que la ley para una desdolarización mala pueda pasar por la actual correlación en la Asamblea Nacional. Se vuelve indispensable para el poder de las élites legislar vía decreto (clausurar la Asamblea). Pareciera que las leyes humanitarias y de finanzas públicas son distractores o instrumentos de chantaje mientras se fragua la verdadera intención: la desdolarización mala.

iii.iii. desdolarización “buena”

La “desdolarización” buena buscaría: más medios de pago y encarecimiento de las importaciones.

La “desdolarización” buena no cambiaría la moneda, más bien añadiría formas distintas de dinero. Más medios de pagos quiere decir más liquidez -en dólares- dentro del país. Implica transitar hacia el uso de medios de pago nacionales para transacciones nacionales, inclusión financiera con títulos valores desmaterializados con transaccionalidad atomizada (por celular), multiplicación de liquidez interna -incluyendo por parte del banco central- y generalizar el uso de cámaras de compensación territoriales y sectoriales. En ningún caso implica reducir la remuneración ni la capacidad adquisitiva de los trabajadores, excepto en bienes importados.

La “desdolarización” buena enfocaría el poder del estado en los controles a la salida de divisas: el famoso “timbre cambiario”. Para poder sacar dinero del país, los importadores o quienes quieran fugar capitales al exterior o a paraísos fiscales offshore deberán adquirir el derecho de sacar el dinero del País. Ese derecho es transable y tiene un cupo fijo, pero ajustable, concedido por el estado. El cupo es vendido por el banco central. En los hechos, esto desdolarizaría la salida de divisas de los ricos y de los importadores. Según los cálculos realizados, el cupo de salida de divisas podría comenzar costando 27 centavos por cada dólar. Es como que el Impuesto a la Salida de Divisas sea del 27%, pero, además, con cupo limitado. A este cupo se le podría apodar con un nombre.

La implementación de un esquema así no requiere de legislación adicional, y en caso de que así se lo requiera, podría ser legislación que sí cuente con apoyo del actual legislativo. Se requeriría un gobierno alineado a los sectores populares y no a las élites transnacionalizadas y offshore-izadas.

Las cifras más actuales muestran que la salida de divisas del sector privado sumó $28418 millones en 2019, su contribución neta a las reservas internacionales fue negativa en $2105 millones, y el total de activos en el exterior del sector privado suma $27000 millones (diez veces más que las reservas internacionales oficiales).

En primer lugar, es deseable que la contribución neta sea al menos igual a cero. Por lo tanto, una primera meta debería reducir en 10% la salida bruta de divisas privadas. Pero, además, debería ser una vergüenza que las reservas oficiales sean 10 veces menos que los activos en el exterior del sector privado. Un monto tolerable sería una cantidad equivalente. Por lo tanto, una segunda meta plantearía repatriar $12 mil millones del sector privado para que las reservas oficiales aumenten a $15 mil millones y los activos privados en el exterior bajen a $15 mil millones. Para que esta repatriación sea viable, el esfuerzo debería estirarse a cuatro años. Esto implica una meta neta de +$3 mil millones anuales.

Asumo que la entrada de divisas privadas caerá por la parálisis planetaria en un 30% de $26658 millones a $18668 millones. Asumiendo una caída de similar magnitud en la salida bruta de divisas autónoma a $19893 millones.

Esto implicaría un déficit autónomo de $1225 millones. Más la meta de repatriación de $3 mil millones, se establecería una restricción de $4225 millones en el año 2020. El cupo disponible para salida de divisas debería ser de $15668 millones. Frente a una demanda autónoma de $19893 millones, el cupo de salida de divisas costaría 27% más que la salida misma. El timbre cambiario podría comenzar cotizando a 27 centavos de dólar.

IV. REFERENCIAS

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[1] “En 1998 el Ecuador sufrió un devastador fenómeno de El Niño. Las graves inundaciones causaron pérdidas de cuatro mil millones de dólares por la destrucción de carreteras, caminos y puentes, así como daños en los cultivos y en el sector pesquero. Ese año, los precios del petróleo bajaron drásticamente: siete dólares por barril.” (Basantes, 2020).

[2] La investigadora señala en las mismas páginas referidas, como nota al pie, las siguientes investigaciones: Oxfam, 2005. Food aid or hidden dumping?  Separating wheat from chaff. 71 Oxfam briefing paper. March; Zerbe, Noah 2002, “Feeding the Famine? American Food Aid and the GMO Debate in Southern Africa”, Center for Philosophy of Law Catholic University of Louvain. Bélgica; Salgado. W, 20021. Ayuda alimentaria o Ayuda a las exportaciones en RALLT, 2002. E. Bravo. Ed. “Transgénicos y Ayuda Alimentaria”. Quito-Ecuador 2002. http://www.rallt.org; Mousseau, Frederic, 2005. Food Aid or Food Soverignity: Ending World Hungry in our time. The Oakland Institute.

[3] “Se les llama de esta manera a los bienes básicos, aquellos productos que se destinan para uso comercial, y que tienen como característica más relevante, que no cuentan con ningún valor agregado, se encuentran sin procesar o no poseen ninguna característica diferenciadora con respecto a los demás productos que encontramos en el mercado, por esto se utilizan como materias primas para elaborar otros bienes.” (Castro, 2019).

[4] Un incremento equivalente de forma aproximada al 2% del PIB agrícola.

[5] Un certificado de depósito reprogramable fue un documentado entregado a las personas cuenta ahorristas del Ecuador durante la crisis referida. Los certificados se entregaban a los depositantes a cambio del dinero congelado en los bancos. Como se verifica en (El Telégrafo, 2021), que recoge las palabras del analista económico ecuatoriano Guido Macas de la Universidad Ecotec, la creación y emisión de CDR se supuso que era una forma del gobierno ecuatoriano de decirle a los cuenta ahorristas que no habían perdido los dineros, sino que luego se los devolvían, dado que el Estado no tenía fondos y que esperaba vender los activos y el patrimonio de los dueños de los bancos, sin embargo, en la práctica fue sensiblemente diferente la cuestión. A continuación, puede verificarse el aprovechamiento que logró la banca ecuatoriana a través de los CDR.

Cronología de los CDR

Fuente: (Wikipedia, 2021).

[6] Ese año, el sistema bancario registró pérdidas de 1.520 millones de dólares estadounidenses, según la fuente citada.

[7] “(…) es un organismo que nace en momentos en que el sistema financiero, productivo y la economía nacional en general, atraviesan una de las peores crisis en la vida republicana del Ecuador. La AGD no es otra cosa que una entidad de derecho público, autónoma y con personería jurídica propia, gobernada por un directorio, cuyo principal propósito será el de garantizar el pago de la totalidad de los depósitos que el público tiene invertidos en el Sistema Financiero Ecuatoriano, de conformidad con la Ley de Reordenamiento en Materia Económica en el Área Tributario-Financiera.” (Hidalgo Loffredo & Yturralde Farah, 2020).

[8] Esto es, al menos a largo plazo (puesto que existe una condición estructural en esos países que los obliga a contraer constante y crecientemente deuda), aún más beneficioso que los ataques especulativos a los precios de los bonos de deuda externa (riesgo país) e incluso que los ataques especulativos a los precios de las commodities de los países subdesarrollados (como en el caso del Ecuador es el petróleo).

[9] El célebre economista francés Olivier Blanchard, en su etapa como economista-jefe del Fondo Monetario Internacional, reconoció en (Blanchard & Leigh, 2013, pág. 6) admitió la existencia de errores en las estimaciones de crecimiento del PIB realizadas por el FMI tras la ejecución de los programas de ajuste estructural y de estabilización monetaria (que son el conjunto de políticas económicas denominadas neoliberalismo) asociadas sistemáticamente a los ajustes fiscales. Además, señala en (Blanchard & Leigh, 2013, pág. 4) que no se consideraron aspectos característicos de las economías a las que “recomendaron” (véase, por ejemplo, para el caso de Grecia, lo ocurrido con el presidente del FMI Dominique Strauss-Kahn en 2011 y lo ocurrido con el primer ministro de finanzas de Grecia Yanis Varoufakis en 2015) hacer el ajuste, mientras que en (Blanchard & Leigh, 2013, pág. 19) admite que subestimaron el impacto de la austeridad fiscal en los multiplicadores del modelo de estadístico-matemático utilizado para realizar los pronósticos sobre el crecimiento del PIB. Además, también se reporta en (BBC Mundo, 2016) que “Vivir para ver. Eso habrán exclamado, incrédulos, muchos críticos del Fondo Monetario Internacional (FMI) cuando leyeron hace un par de semanas un texto publicado en la página web de la entidad. El escrito empieza diciendo: “En vez de llevar al crecimiento, algunas políticas neoliberales han aumentado la desigualdad, a la vez que ponen en peligro la expansión duradera”. Y que esa desigualdad “le hace daño al nivel y la sustentabilidad del crecimiento”. La declaración (…) corresponde a un artículo de Jonathan D. Ostry, Prakash Loungani y Davide Furceri, todos funcionarios del FMI. Ostry es subdirector del Departamento de Investigaciones del organismo. Loungani es jefe de división y Furceri es economista en la misma dependencia. BBC Mundo intentó comunicarse con los autores del artículo, titulado “Neoliberalism: Oversold?” (Neoliberalismo, ¿sobrevendido?) pero no obtuvo respuesta alguna del Fondo Monetario Internacional a varias solicitudes de entrevista. Las declaraciones de los tres funcionarios sorprenden por ser una aparente admisión de error por parte de expertos del FMI a las políticas que contra viento y marea buscó imponer la entidad a lo largo del mundo. Y que, según sus críticos, fueron adoptadas con un elevado costo social (…) El ajuste estructural se defendía como el remedio doloroso, más necesario, para garantizar el éxito económico futuro de los países. Un precepto que han puesto en duda los investigadores del FMI con su reciente artículo.” En la actualidad, cinco años después de esa publicación de la BBC, no quedan dudas del fracaso para las mayorías de las políticas neoliberales, al menos en América Latina y Europa al juzgar los violentos estallidos sociales suscitados en España, Grecia, Portugal, Colombia, Chile, México y Argentina (que incluso volvió a probar del mismo tipo de políticas con Macri y luego decidió volver a otro tipo de gobierno).

[10] Según (Mora, 2013, pág. 50), “Desde el año 1996 hasta el 2007 Ecuador tuvo siete presi-dente, tres de ellos fueron derrocados por sus mandantes, una destituida por el Congreso Nacional, otro ocupó el cargo de presidente interino y tres terminaron períodos que no iniciaron. Para la mayoría de los ecuatorianos esto significa que el triunfo de siete elecciones continuas, no sólo le otorga a Rafael Correa un papel de líder nacional, sino que le da consistencia al proceso democrático ecuatoriano.”

[11] Esta teoría se estudia en los anexos correspondientes.

[12] “(…) enfoque sistémico de la competitividad. En él se considera que existen cuatro esferas que condicionan y modelan su desempeño: en primer lugar, el nivel microeconómico (en la planta y dentro de las empresas, para crear ventajas competitivas); en segundo lugar, el nivel mesoeconómico   (eficiencia   del   entorno,   mercados   de   factores,   infraestructura   física   e   institucional   y,   en   general,   las   políticas   específicas para la creación de ventajas competitivas); en tercer lugar, el   nivel   macroeconómico   (política   fiscal,   monetaria,   comercial,   cambiaria,   presupuestaria,   competencia)   y,   finalmente,   el   nivel   metaeconómico   o   estratégico   (estructura   política   y   económica   orientada   al   desarrollo,   estructura   competitiva   de   la   economía,   visiones estratégicas, planes nacionales de desarrollo).” (Hernández R. A., 2001, pág. 5).

Sobre el papel y la viabilidad de la violencia en la lucha social de las mujeres en particular y en las luchas sociales en general

ISADORE NABI

La palabra “violento” posee una raíz etimológica latina (“violentus”) que el diccionario de la Real Academia Española define en su edición tricentenario (actualización 2020) como “Que implica fuerza e intensidad extraordinarias”.

¿Hubo violencia en las manifestaciones en el Día de la Mujer día alrededor del mundo? ¡Por supuesto que sí! ¿Es justificable esa violencia? Para responder, que es lo que busca hacer esta exposición (y no únicamente para el caso de la lucha feminista), hay que comenzar por decir que el machismo es un fenómeno (descrito en líneas generales muy bien por Friedrich Engels en El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado) inherente a los sistemas de economía política, es decir, a sistemas económicos en que las diferencias de recursos son lo suficientemente significativas como para dar lugar a la existencia de intereses sociales irreconciliablemente contradictorios (antagónicos, su conflicto sólo puede ser resuelto mediante la aniquilación de una clase por otra -así como la burguesía aniquiló físicamente a la clase feudal durante la revolución francesa y después de ella, así como la clase feudal aniquiló a la clase esclavista cuando Flavio Odoacro sacó de los pelos a Rómulo Augusto para deponerlo y autoproclamarse Rey de Italia dando así fin al Imperio Romano de occidente y a Roma antigua con ello, al imperio más grande que algún ojo humano ha visto hasta la fecha-), a continuación se expandirá al respecto.

Como se planteó, el machismo es parte del estado natural de las sociedades de clases (i.e., sistemas de economía política), así como el racismo, la pobreza, la marginación, la exclusión y otros tantos hechos sociales (siguiendo la terminología de Émile Durkheim en “Las Reglas del Método Sociológico”, quien plantea que a los fenómenos sociales deben ser tratados como cosas -y a tales fenómenos les llama hechos sociales-) omnipresentes no sólo en el capitalismo sino en toda sociedad de clases, tan omnipresentes que son parte de la normalidad cotidiana de las personas y precisamente por estar profundamente normalizadas no suelen enfrentar resistencia… repensando la antigüedad, Roma no era Roma por las lanzas que llevaban sus legiones, lo era por las ideas que esas legiones imponían con esas lanzas (financiadas con recursos de diversa índole, fundamentalmente económicos) en las cabezas de los pueblos y se sedimentaban con el paso indetenible del tiempo. Por supuesto, en la reflexión anterior la palabra clave es “normalidad”.

En sistemas dinámicos (un sistema debe entenderse como una especie de orquesta musical que toca para un determinado fin y que sea dinámico como que es muy activo en el largo plazo -todo fenómeno con el suficiente grado de complejidad se analiza en general así en la Física-) se habla de “longitud característica” a aquella longitud que sirve para construir todo el sistema (“la medida que sirve de medida”, por decirlo de alguna forma), por ejemplo, la longitud característica de una circunferencia es el radio, puesto que se sabe que los puntos de la circunferencia son equidistantes (están a la misma distancia) del centro, ¿pero de qué serviría saber eso si no se conoce el radio?, sería imposible construir la circunferencia. Lo normal es que se pueden construir sistemas dinámicos (modelarlos, siendo más concretos) con base en estas longitudes características, sin embargo, en determinadas condiciones específicas (condiciones cuánticas -asociadas con la incertidumbre de las mediciones a baja escala- y en condiciones  extremas -como cuando de un cambio de estado a otro se aplica simultáneamente demasiada presión y temperatura sobre el vapor, por ejemplo-) las longitudes características de los sistemas dinámicos pueden “romperse” (que por los motivos antes mencionados las mediciones con el suficiente grado de precisión se vuelvan imposibles) y es necesario para poder realizar un estudio adecuado del fenómeno realizar una renormalización (poder volverlo a medir con el grado de precisión suficiente) del sistema dinámico, lo cual únicamente es posible porque cada sistema dinámico posee la característica de autosimilitud (que también aparece en la teoría de los fractales y la teoría de la complejidad, la que consiste en ser igual o aproximadamente igual en todas las escalas o, de forma más general -filosófica- el todo se refleja en general de forma precisa en sus partes constituyentes) y por ello puede ser visto a diferentes escalas sin cambios relevantes, por lo que pueden reestablecerse las mediciones precisas.

Al fenómeno en que se desdibujan las longitudes características de los sistemas dinámicos se le conoce como “ruptura de ergodicidad” (“ergodicidad” es una palabra cuyas raíces etimológicas no están claras, pero que proviene del griego y parece estar relacionado con cuestiones que implican mucho trabajo -en su sentido de esfuerzo-; sin embargo, matemáticamente hablando la ergodicidad no es otra cosa que una versión radical o más general de uniformidad) y las crisis del capitalismo son precisamente una ruptura de la ergodicidad del sistema que colapsa ante el estallido furibundo de las múltiples contradicciones antagónicas que yacen en su misma naturaleza, en sus mismos fundamentos. Las contradicciones del capitalismo son multidimensionales puesto que este es un sistema complejo de características multidimensionales, sin embargo, su contradicción fundamental es la disociación que existe entre la producción y el consumo (que es el fenómeno económico que se presenta en la esfera de la circulación como disociación entre inversión y ahorro, pero la esfera de la circulación está subordinada en última instancia a la esfera de la producción, por ello la disociación esencial es entre la producción y el consumo -y esta disociación obedece a relaciones de distribución institucionales, i.e., relaciones de distribución fijadas con antelación al proceso de producción y que no obedecen a criterios técnicos sino puramente políticos -aquí se habla de la relación de distribución en sí, no de la distribución como tal-). La determinación de las relaciones de distribución institucionales de la sociedad con antelación al proceso de producción es un brillante descubrimiento realizado William Hickling Prescott, el padre de la Historia (la historia desde su perspectiva científica) en los Estados Unidos (puesto que él es considerado de forma general como el primer historiador científico en ese país) en su obra “Historia de la Conquista de Perú” y sobre la cual profundizará Marx en su célebre investigación conocida como los Grundrisse (no debe confundirse con El Capital, puesto que los primeros son el fundamento de los segundos y de Contribución a la Crítica de la Economía Política).

En el contexto de este artículo la contradicción de interés es aquella que expresa que el sistema de economía política capitalista difunde cada vez más la tecnología (la cual a su vez desarrolla incesantemente) y el impacto que este vertiginoso cambio tecnológico que cada vez está más homogéneamente presente en la sociedad occidental (generalizar la afirmación anterior no sólo sería un craso error sino una también profunda falta de respeto, puesto que África y el mundo árabe sufre y el mundo digno sufre con ellos) genera, en conjunto con otros factores (fundamentalmente de la exacerbación de la explotación -independientemente de la forma que tome tal explotación, lo de George Floyd es una de las formas que la explotación toma, específicamente es su forma racial-) rupturas en la ideología dominante, lo que poéticamente se expresa como un despertar en las conciencias de los pueblos. También en el contexto de los sistemas dinámicos y de la Física (tanto teórica como aplicada), los fenómenos críticos pueden aparecer como consecuencia del enlentecimiento de la dinámica del sistema, en la Economía Política ambas cuestiones están íntimamente relacionadas, es decir, la ralentización del sistema de economía política (la cual se expresa en las crisis económicas) y la ruptura ideológica ocurren en un mismo intervalo de tiempo (primero ocurre la ralentización económica, luego la ruptura en la ergodicidad ideológica o uniformidad ideológica en la sociedad o sistema social capitalista).

Planteadas así las cosas resulta evidente que las crisis económicas (que son el núcleo de las crisis sistémicas del capitalismo, más no el único factor relevante -la anatomía de la sociedad civil debe buscarse en su Economía Política-) son una ruptura de ergodicidad y el reacomodo de la sacudida estructura económica (este reacomodo implica la centralización de capital -que las empresas grandes se coman a las pequeñas tras las crisis- y otras cuestiones aparejadas a ella) es lo que en Mecánica Cuántica se conoce como proceso de renormalización (que es precisamente un conjunto de técnicas para re-expresar el sistema en términos de su longitud característica, es decir, volverlo a la normalidad en el sentido así definido). Debe recordarse que la razón por la que la renormalización es posible, por ejemplo, a nivel de los fenómenos cuánticos, es en términos coloquiales (y sin perder la esencia conceptual) porque (y en esto consiste la autosimilitud) sin importar qué muñeca Matrioshka de un determinado conjunto de muñecas Matrioshka se vea, las muñecas siempre serán iguales y lo único que cambiará será su tamaño o, lo que es lo mismo, que la muñeca Matrioshka más grande (el todo) contiene dentro de sí muñecas más pequeñas iguales a ella (lo que significa aquí que el todo antes referido se refleja con precisión en sus partes integrantes) y, de hecho, este es el concepto detrás de la instrumentalización matemática de las técnicas de renormalización de grupos (así conocida más formalmente la renormalización).

Conviene aquí decir que, como señalan los filósofos soviéticos en el diccionario filosófico de 1965 (que por cierto marcó el destierro sistemático del Stalinismo de la academia -en particular de la academia filosófica-, aunque no por ello necesariamente de la cotidianidad en general), la realidad misma es un isomorfismo. Un isomorfismo formalmente se define en Topología como una función biyectiva y continua entre dos espacios topológicos (estructuras algebraicas en que la posición relativa de los puntos dentro de ella es la misma) que posee a su vez una función inversa (también continua y biyectiva), intuitivamente un isomorfismo topológico es una relación que expresa que dos fenómenos tienen la misma esencia y son equivalentes en términos de ella (topológicamente equivalentes -independientemente de consideraciones métricas-) y para lo que se habló de las muñecas Matrioshka un isomorfismo topológico (o una homotopía, que es una generalización de este concepto) expresaría conceptualmente esta relación en que la muñeca más grande “se refleja” en las muñecas que contiene en sí. Esto es equivalente a cómo en el sistema hegeliano (que debe recordarse que busca sintetizar los estudios de los antiguos griegos sobre la Naturaleza y los estudios del idealismo clásico alemán que le precedía sobre el Pensamiento) el Ser En Sí (que expresa a “eso que está ahí”, a la Naturaleza) se refleja y se sintetiza dialécticamente con el Ser Para Sí. Una síntesis dialéctica (que en su forma más general se expresa por la palabra alemana Aufheben, que significa simultáneamente eliminar y superar -siendo rigurosos, la diferencia es que el Aufheben ocurre a nivel de lo homogéneo, mientras que la síntesis propiamente dicha a nivel de lo heterogéneo, pero como la realidad en general es un todo que se refleja con relativa y variante precisión en sus partes, entonces el Aufheben es más general que la síntesis-)es la resolución de las contradicciones entre los componentes integrantes de un todo (ligados indisolublemente por la misma naturaleza de la realidad) tras una acumulación cuantitativa de las contradicciones inherentes a la naturaleza de las partes que conforman ese todo, lo cual permite un salto cualitativo del todo, que a su vez implica un cambio de esencia (lo que Hegel describe como el tránsito del Universal Abstracto al Universal Concreto -Hegel es, por cierto, el único filósofo hasta la fecha que incluye al Universal Concreto en su sistema-). Hegel en su obra “Ciencia de la Lógica” realiza una analogía entre el Aufheben y la Mecánica Clásica (la Física de su época), específicamente con el momento de fuerza de la palanca. Del ejemplo que el filósofo alemán expone se evidencia que para él lo importante es que a nivel de sistemas físicos los momentos de fuerza de la palanca expresan la noción de que para que ocurra un cambio dentro de un sistema debe operarse desde fuera de dicho sistema una acción (concebida esta como una fuerza) contraria a la del sistema en cuestión que altere la dinámica ordinaria del sistema, es decir, una acción que fuerce al sistema de referencia a oponer resistencia a la fuerza impresa por dicha acción.

La noción anterior de general se generaliza a bajas escalas físicas de medición (tanto a nivel de Mecánica Cuántica como de Química Cuántica), en los conceptos de partícula y antipartícula (lo que corresponde a la Mecánica), cuya relación se puede expresar matemáticamente (como alternativa a la función de onda, a lo cual se le conoce como “segunda cuantización” -cuantizar es transformar un sistema clásico a uno cuántico al añadir la constante de Planck, con todo lo que ello involucra-) mediante las funciones conocidas formalmente como operadores de creación y aniquilación, que sirven para describir el proceso combinatorio que da lugar a la creación y aniquilación de las partículas elementales conocidas como bosones (ejemplos de bosones son los fotones -las partículas subatómicas que transportan la luz-, el célebre bosón de Higgs y la partícula hipotética conocida como “gravitón”), que son una de las dos partículas mínimas (que no existe otra más pequeña que ellas) que conforman la realidad física a nivel cuántico.

Las otras partículas elementales son los fermiones, su contrario cuántico, cuya matemática es diferente, sensiblemente más sofisticada (puesto que se estudia mediante el empleo de estructuras algebraicas conocidas como anticonmutadores, en lugar de los conmutadores, que son la estructura que convencionalmente se utiliza). El proceso de creación y aniquilación (porque ocurren simultáneamente y con ello se generan cambios en la materia) afecta a menudo incluso los cambios de estado de los electrones en fenómenos concernientes al campo de la Química Cuántica, lo cual se puede constatar, junto con todo lo anteriormente descrito correspondiente a los operadores de creación y aniquilación en la obra “Mecánica Estadística” de Richard Feynman publicada por Avalon Publishing en 1998, específicamente en las páginas 167 y 174-175.

Lo anteriormente planteado en relación a los isomorfismos topológicos (que está íntimamente ligado al concepto de combinación -la topología nace como Topología Combinatoria- de contrarios -que a nivel de la lógica formal, que es lineal, se ven simplemente como “pares”-, de su unidad y lucha) se recoge en dos adagios de la sabiduría popular, específicamente en “La mona, aunque se vista de seda, mona se queda” y “El que anda entre la miel algo se le pega” (que es isomórfico a “El que con lobos anda, a aullar aprende”). Sin embargo, con precisión inequívoca se recoge en una expresión popular que pertenece a un tipo de sabiduría popular (seguramente más popular) menos elaborada, más cruda (pero muchas veces más poderosa analíticamente): Es la misma “cuestión” con diferente olor. Eso son precisamente todas las reestructuraciones económicas tras las crisis capitalistas y toda promesa de reformismo provenientes de la clase gobernante (la clase político-burocrática) y de la clase dominante (los dueños de los grandes medios de producción, que el tipo de propiedad privada que critica Marx -nunca la propiedad personal y distinguir ambos tipos no ofrece dificultad a un intelecto de mediana estatura o superior-), puesto que las crisis son el único resultado posible (todo resultado es resultado en cuanto producto de un proceso, ese proceso son precisamente los ciclos industriales de la economía) del comportamiento natural o normal del capitalismo, puesto que ello es lo único que puede ocurrir cuando se introduce el cambio tecnológico vertiginoso en una sociedad en la que existen clases sociales y en la que una de ellas se dedica a producir para rentabilizar, pero para rentabilizar necesita del consumo final de otra clase social con la que entra en contradicción (porque salarios y beneficios empresariales tienen una relación inversa). La realidad capitalista como un todo, así como la realidad como un todo en general, es un isomorfismo topológico de sí misma hacia sus partes, se lo que se trata es de describir adecuadamente estas relaciones topológicamente equivalentes.

La magnitud y la dirección de la disrupción social realizada por el cambio tecnológico vertiginoso realizado dentro del capitalismo obedece a que este multiplica de forma no lineal (viendo esto como una función matemática, no como una mera gráfica de puntos) las fuerzas productivas del ser humano (y con ello se multiplica así mismo de forma no lineal -en el sentido antes definido-, de ahí que el capital sea trabajo acumulado, trabajo pasado), tal como se puede ver en las siguientes gráficas de puntos (y también en muchas otras que se pueden encontrar sin siquiera mínimas dificultades en la web).

A la luz de las gráficas anteriores resulta indispensable hacer una pausa aquí para hablar sobre la ampliamente conocida justificación ética-moral del capitalismo que sostiene que es un sistema ideal en tal sentido (ético y moral) porque provee mayor bienestar que sus antecesores (que la comunidad primitiva, que el esclavismo y que el feudalismo). Bajo esa lógica se omiten cuestiones no triviales, por ejemplo, que la justeza de un orden social no puede medirse simplemente por el bienestar relativo (midiendo ese bienestar en aspectos únicamente materiales) que provee a sus ciudadanos, porque bajo esa lógica Hitler sería indudablemente más justo que algún jerarca de las gens (de la época de la comunidad primitiva cuando imperaba el orden de sucesión matrilineal -vía la madre, no existía aún la discriminación de género-), cuando tales jerarcas no eran genocidas, ni discriminaban (ni siquiera existían las clases sociales) y ello también implicaría omitir a su vez que el progreso tecnológico es un logro social (colectivo, fundamentalmente de la clase trabajadora, que incluye a los científicos y técnicos) y acumulado (el cambio tecnológico puede ser superior en el capitalismo, pero no por eso se lo inventó la clase capitalista -que ni siquiera es la que lo concibe intelectualmente en la generalidad de ocasiones-), y seguramente no sólo judíos y polacos sino también muchos alemanes no estarían de acuerdo con ese razonamiento.

El nivel tecnológico del que disponga un sistema social debe considerarse en conjunto con el bienestar material que provee a sus ciudadanos (y eso aún sin complejizar la cuestión añadiendo el bienestar psicológico), porque sólo así se podrá analizar a un sistema también en términos del bienestar que ese mismo sistema puede dar y no incurrir así en reduccionismos vulgares al comparar sistemas sociales cuyo progreso es acumulado y que los separan miles de años, es decir, el nivel tecnológico relativo (en relación al de sus pares) del que dispone un sistema debe ser el factor de estandarización que vuelva lógicamente óptima la comparación entre los diferentes sistemas de producción social que han existido a lo largo de la historia. En ese apartado es evidente que el capitalismo sólo puede ser comparable al esclavismo, aunque evidentemente es superior a nivel de dignificación humana, lo cual es un motivo de alegría (hemos evolucionado un poco) y tristeza (definitivamente ni por asomo hemos evolucionado lo suficiente), simultáneamente.

El poder político visto sociológicamente, tal como lo define el politólogo salvadoreño Dagoberto Gutiérrez, es una relación social basada en la diferencia de recursos que sirve para transformar la realidad o para impedir que esta cambie. Esta definición es importante porque hace alusión a la existencia de un determinado orden.

Se dijo anteriormente que los momentos de fuerza de la palanca cristalizaban la idea de la acción de una fuerza externa a un sistema de referencia que alteraba a tal sistema (no necesariamente cambia su estado, puesto que no toda contradicción es antagónica) y también se dijo que “violencia” implicaba fuerza e intensidad extraordinarias, lo suficientemente extraordinarias para que generar el efecto de poner fuera de su estado natural a algo, sea lo que fuese. Lo que se expresó en los párrafos anteriores a través de las ciencias formales y las llamadas “ciencias duras” es el estado natural u orden natural del sistema de economía política capitalista y el papel de la violencia en la historia es, como lo dijo ya Engels en una investigación de su autoría con el mismo nombre, ser la “partera” de la historia y eso tiene que ver con aquella célebre reflexión del politólogo italiano Antonio Gramsci, quien dijera que lo viejo siempre cede paso a lo nuevo, pero no sin antes oponer resistencia o, lo que es lo mismo, que en el contexto de las sociedades de clase, en el proceso de creación de un nuevo mundo, de una nueva sociedad, existen simultáneamente procesos de aniquilación entre las partes integrantes de la sociedad actual (las clases sociales de esa sociedad). Sobre ello se reflexionará al final de esta exposición, pues está ligado indisolublemente a la respuesta a la pregunta que aquí inicialmente se planteó

Por supuesto, para que exista un cambio de modo de producción debe existir también un determinado nivel tecnológico que permita sustituir unas relaciones sociales de producción por otras técnicamente superiores (así como las esclavistas técnicamente eran superiores a las de la comunidad primitiva, las del feudalismo a las del esclavismo y las del capitalismo a las del feudalismo), esto en Mecánica (Clásica o Cuántica) se conoce como transición de fase, que precisamente implica un salto cualitativo (el ejemplo clásico en la historia fundacional del Marxismo lo encarna los cambios de estado del agua con la suficiente variabilidad en la temperatura aplicada, aquí se han procurado exponer ejemplos más heterodoxos).

La analogía anterior es posible tanto la Naturaleza como la Sociedad se rigen por las mismas leyes objetivas universales[1], las leyes dialécticas-materialistas y ello está en armonía con el hecho de que la Naturaleza se refleja isomórficamente en sus partes integrantes, dentro de las cuales está la vida orgánica consciente (por supuesto, sólo en Matemáticas los isomorfismos son perfectos), hecho sobre lo cual hablan los célebres biólogos evolutivos marxistas (fundadores de la Biología Evolutiva del Desarrollo, una revolución ocurrida en la Biología en la década de los 70) Stephen Jay Gould, Richard Lewontin y Richard Levins en diversas obras, entre las cuales se encuentran “La Estructura de la Teoría Evolutiva” (de Gould), “La Falsa Medida del Hombre” (de Gould), “El Biólogo Dialéctico” (de Lewontin y Levins), “Biología Bajo Ataque: Ensayos Dialécticos Sobre Ecología, Agricultura y Salud” (de Lewontin y Levins), “Una Respuesta a Orzack y Sober: Análisis Formal y la Fluidez de las Ciencias” (de Levins, en el que señala también los fundamentos de la complejidad con base en el número de dimensiones topológicas de la estructura algebraica analizada), entre otros.

Lo expuesto anteriormente relativo a las transiciones de fase social o cambios revolucionarios en la sociedad (que implican el tránsito de un modo de producción u orden social a otro) busca sentar las bases lógicas para no generar sorpresa al afirmar que no parece existir el nivel tecnológico suficiente para sustituir las relaciones sociales de producción capitalistas por otras (y, además, no se conocen otras, sobre ello se hablará más adelante), pero sí parece sobrar para disminuir considerablemente el nivel de incivilización que reina en las sociedades de clase (específicamente para este caso, en el capitalismo contemporáneo), aunque inexorablemente eso implicará una merma en las tasas de ganancia de la clase capitalista, de la que emana este orden incivilizado e incivilizatorio, pero que curiosamente no padece las “bondades” del mismo.

¿Por qué se afirma que no parece existir el nivel tecnológico para semejante cuestión (al menos no de forma generalizada en cualquier sociedad, al menos -y ese es un detalle de importancia vital a nivel analítico y aplicado-)? La respuesta está ligada a la refutación a otra idea bien difundida a lo largo del siglo pasado y que muchos incautos consideran la prueba científica-técnica irrefutable de la imposibilidad del Comunismo, la cual sostiene que en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas existían relaciones sociales de producción socialistas y hasta comunistas (según el “iluminado” con el que se hable). Cuando se habla de relaciones sociales de producción capitalistas se logra bien-definirlas (situarlas en un marco teórico general y relativamente preciso -la precisión variará según el aspecto de la realidad que se analice y/o del marco teórico empleado por el investigador, que es el significado de “bien-definido” en Matemática Pura), ¿ocurre lo mismo con las relaciones sociales de producción “socialistas” y/o “comunistas”? Revisemos rápidamente la evidencia teórica-histórica y empírica-histórica.

La obra de Marx y Engels se centra en una crítica sistemática (un análisis sistemático orientado a transformar la realidad) del sistema de economía política capitalista y son algunos muy breves y muy contados pasajes en los que Marx y Engels hablan de algún modo de producción no capitalista del futuro (considerando sus obras maduras, lo cual empieza en el vecindario temporal de publicaciones centrado en Miseria de la Filosofía -las publicaciones más inmediatas hacia atrás y adelante-). En particular, Marx en el tomo II de El Capital expone los rudimentos de lineamientos para una política económica ante superávit y déficit de activos fijos en una sociedad sin propiedad privada sobre los medios de producción y sin papel moneda (que nadie se imagine “Teoría de la Política Económica” de Tinbergen o algo por el estilo, es un párrafo de pocas líneas), Engels expone en el Anti-Dühring (libro citado positivamente en “El Biólogo Dialéctico” de Lewontin y Levins -que contiene una dedicatoria a Friedrich Engels en las primeras páginas que reza “A Friedrich Engels, quien entendió mal muchas cosas, pero acertó en lo que contaba”-, así como en otras obras) que la ley del valor deja de regir únicamente para la fuerza de trabajo inicialmente (en el socialismo) y posteriormente también para las demás mercancías (en el comunismo) y es sustituida en ambos casos por una nueva ley que determina que el valor de las mercancías se determina según las necesidades sociales que satisfacen y también Engels en “Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico” plantea cuestiones en claro refuerzo de la dirección anteriormente señalada respecto a la vigencia de la ley del valor.

No se le puede negar a los furibundos antimarxistas y anticomunistas que andan sueltos por ahí (y que son tan peligrosos porque si no entienden qué es el Marxismo menos qué son el Socialismo y el Comunismo) que la célula central (la progresiva extinción de la ley del valor) existe y está definida, sin embargo, seguramente ellos tampoco podrán negar que no sólo está mínimamente definida, sino que además entre la célula mínima y un organismo que funcione como un sistema autoorganizado (que es un fenómeno que aparece en los sistemas complejos estudiados en la teoría matemática de la complejidad y que consiste en la configuración de un orden resultante del proceso de interacción entre los elementos de un sistema inicialmente desordenado -el estado social resultante de la resolución de la crisis y el tránsito de un modo de producción a otro-) existe muchísima diferencia, prueba de ello es, por ejemplo, el tiempo transcurrido para que la primera célula que inició la vida en La Tierra (puesto que según simulaciones estadísticas todo indica probabilísticamente que así fue) se transformara en un sistema biológico como tal no fue poco.

Además, ¿cuáles eran las relaciones sociales de producción que se implementaron en la Unión Soviética?, ¿se remuneraba la fuerza de trabajo según las necesidades sociales que esta satisfacía?, ¿cuál era la metodología científica-estadística (aquí se puede comenzar a ver el papel del nivel tecnológico) con la que cuantificaban esas necesidades (que no son únicamente materiales, son espirituales, Marx es claro en eso en sus Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844)? No existía propiedad privada sobre los medios de producción por parte de personas vistas como miembros de la sociedad civil, pero sí existía papel moneda (y en su lugar debería haber existido algún sistema de equivalencia bien definido entre mercancías no sujeto fluctuaciones artificiales -no sujeto a variación en precios, puesto que el papel moneda y la especulación no existen- que reflejara fielmente en los términos de intercambio las condiciones técnicas de producción de las mercancías intercambiadas) y propiedad privada estatal (porque es un hecho que los miembros del Partido Comunista no vivían igual que el pueblo -aún así, el pueblo tenía más dignidad material que en el capitalismo occidental de la época y de esta, pero la espiritual quedó pendiente y tampoco es como que más dignidad material hubiese sido perjudicial para el pueblo-, entonces existen clases por cuanto el goce del producto social no era para quienes producían -esta es la característica fundamental-, sino para la clase política soviética que sufrió de aburguesamiento y transformó (a partir de Stalin) al Estado soviético en lo que Marx describía como el poder político, es decir, en “El poder organizado de una clase para oprimir a otra” (en sociedades sin clases el Estado sólo es administrador, ni siquiera existen órganos bélicos orientados a la represión política -de clase- como la policía y el ejército, puesto que al no existir antagonismos de clase tampoco existe el poder político), por mucho que la opresión en el plano material fuera muchísimo menos fuerte e intensa que en occidente y en el plano ideológico fuera menos sutil -occidente es más elegante en sus formas, sino pregúntesele a Merkel por los micrófonos instalados por el Gobierno de Estados Unidos en su oficina y que generó un incidente diplomático hace pocos años-) e incluso también extranjeros ya en las cercanías del colapso de la Unión Soviética, por ejemplo el banco que David Rockefeller abrió en la Plaza Roja de Moscú (lo cual no pertenece al conjunto de “teorías de la conspiración”, es un hecho bien documentado y que una elemental búsqueda en la web puede verificar).

Evidentemente en la Unión Soviética hubo Capitalismo de Estado, que es una variante del modo de producción capitalista en el que, como se señala en el diccionario de Economía Política de Borísov et al, “Constituye un medio de lucha contra el capital extranjero, extirpa las raíces económicas de su dominio, contribuye a fortalecer y desarrollar la economía nacional. El sector estatal estimula cada vez más el rápido auge de las fuerzas productivas, crea las premisas económicas para que dichos países emprendan la vía no capitalista de desarrollo. En el periodo de transición del capitalismo al socialismo, el capitalismo de Estado representa una forma especial de subordinación de las empresas capitalistas a la dictadura del proletariado establecida con el fin de preparar las condiciones de la socialización socialista de toda la producción”, que también puede ser mixto en el sentido de coexistir empresas privadas extranjeras (pero limitar su poder sobre la sociedad nacional) y/o en el sentido que la propiedad privada sobre los medios de producción sea compartida por el Estado capitalista en conjunto con empresas privadas nacionales o extranjeras (este último caso es el de Cuba, por ejemplo) y un caso que combina los tipos de capitalismo de Estado antes mencionados es lo que ocurre en Venezuela.

Todo esto sin mencionar aún que el capitalismo tuvo un proceso de nacimiento sumamente extendido, puesto que se consumó institucionalmente cientos de años después de haberse desarrollado lo suficiente para poder ser caracterizado mínimamente (lo que ocurrió en la alta edad media con la aparición de los burgos, lo que ocurre entre el año 500 D.C. y el año 1,000 D.C.) e incluso cientos de años después de haber ocurrido su primera gran manifestación socio-económica (el comercio de tulipanes realizado durante el siglo XVII), puesto que se estableció como modo de producción dominante (que no sólo implica una dimensión económica sino también política, por eso la ciencia se llama Economía Política) hasta el 14 de julio de 1789, con la toma de la Bastilla por parte de la clase burguesa y los siervos de la gleba que luego serían industrializados y con ello transformados en proletarios (que es una categoría económica exclusiva del capitalismo).

Por supuesto, no por ello el progreso del nuevo modo de producción social fue lineal, puesto que es bien sabido que luego Francia regresó por un buen tiempo a la monarquía constitucional a causa de que la clase feudal volvió al poder temporalmente. Además, tampoco se ha mencionado el hecho de que la Unión Soviética se encontraba amenazada por occidente (no sólo militarmente -el factor fundamental que la hizo entrar en la carrera armamentista-, sino también ideológicamente -uno de los factores que determinaban la necesidad de entrar en la carrera espacial-), por lo que toda la planificación de su desarrollo económico y social tuvo que orientarse bajo esas dos grandes restricciones, no es un secreto para quienes conocieron la Unión Soviética que en los supermercados se hacían cuentas con ábaco mientras se competía a la par con Estados Unidos en la carrera espacial y nuclear (llegándolo a aventajar en muchos aspectos, evidentemente a un alto costo); en este sentido, tampoco se menciona que existen señales de que hubo un gran endeudamiento financiero por parte de la Unión Soviética con capitales occidentales al menos en el último tramo de su existencia, precisamente para financiar la carrera armamentista y espacial.

Finalmente, surge una pregunta de importancia fundamental, ¿por qué la situación es diferente en los países industrializados respecto a países como América Latina, África y Oriente Medio? La respuesta a la pregunta anterior tiene múltiples rostros, sobre los cuales se hará una exposición sintética yendo de los más simples a los más complejos y con ello, de los aspectos históricos de corto plazo (más recientes) a los de largo plazo (más lejanos en el tiempo). En primer lugar, es fundamental preguntarse, ¿las relaciones de distribución en esos países poseen las mismas especificidades?, es decir, ¿existe la misma estructura tributaria, la misma participación gubernamental en la economía, existe la misma alineación de los objetivos de política fiscal y política monetaria, existen las mismas regulaciones laborales, el mismo grado de indización de los salarios a la inflación y a la productividad, etc.?

Si la respuesta es negativa, alguien incluso podría considerar que el capitalismo es funcional y que únicamente para ello se requiere de un nivel de desarrollo tecnológico suficiente, lo que también a alguien podría parecerle ser intuitivo, aunque no por ello deja de ser también falso; sin embargo, para verificar tal falsedad se necesita realizar un análisis menos superficial del asunto, por lo que conviene empezar a introducir aquí el papel del comercio internacional, tanto en sus facetas legales como en las ilegales.

A partir de los 90 se firmaron tratados de libre comercio entre los países industrializados (fundamentalmente Estados Unidos) y los países de América Latina, han pasado ya treinta años de la firma de esos tratados en la mayoría de esos países y resultados prometidos en materia de crecimiento económico, empleo, desarrollo social y demás cuestiones relacionadas nunca llegaron. En su lugar la desigualdad incrementó en esos países (que sí fue de la mano de un crecimiento económico significativo en algunas ocasiones, pero siempre incrementándose la desigualdad) y generó una oleada de gobiernos por todo el istmo que rompieron con las políticas de Washington llegados al poder por la vía electoral, algo impensable a finales del siglo pasado, principalmente en el período de la guerra fría. Estos tratos de libre comercio poseen una característica fundamental y es que no consideran las asimetrías tecnológicas (que devienen en asimetrías en nivel de competitividad) entre las empresas de los países industrializados y las de los no-industrializados, dando como resultado del intercambio comercial un estado de comercio en que como diría el célebre poeta uruguayo Eduardo Galeano, los países ricos se especializan en ganar y los países pobres se especializan en perder (que sólo es una generalización al plano internacional de la lucha de clases que ocurre a nivel nacional) porque las empresas de los países industrializados pueden producir a menor costo y con mejor calidad, frente a lo cual hay poco o nada qué hacer y esos mismos países industrializados ofrecen “generosamente” préstamos de déficit que ellos en conjunto con la clase dominante de los países no-industrializados han contribuido a crear, a tasas usureras (como ha sido la tradición de organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, etc.) que condicionan el destino de ese dinero (conocido tal condicionamiento formalmente como “cláusulas de condicionalidad del préstamo”), lo que no sólo es una clara vulneración de la soberanía de un país sino que además es una estafa sistemática a gran escala. ¿Por qué se dice que ese binomio de clases dominantes es el que produce tal déficit en la contabilidad nacional de un país?, en primer lugar, porque un déficit es generado y/o agudizado por desequilibrios comerciales (resultantes de poner a “David” sin hondilla y sin respaldo divino a pelear contra “Goliath”, es decir, la competencia entre industrializados y no-industrializados), en segundo lugar porque son la única clase social que en general y sistemáticamente evade y elude impuestos (a pesar que las estructuras tributarias de estos países sean profundamente regresivas, lo cual no debería extrañar porque el motivo que tuvieron para fundar estos países fue ese, evitar al virreinato español el respectivo tributo -que sería el equivalente a lo que contemporáneamente representan los impuestos-), en tercer lugar porque lo más común es que los funcionarios públicos cuyas campañas electorales son financiadas por ellos son no sólo los que legislan a favor de ellos servilmente (esto incluso lo describe el Nobel de Economía Joseph Stiglitz para el caso de la política estadounidense en su libro “El Malestar en la Globalización” publicado en la década antepasada -específicamente cómo los que financiaban las campañas políticas de Bush lo acompañaban a todas partes para supervisar que los compromisos que adquiriera durante el proceso de campaña electoral estuviese alineado a sus intereses y con base a ello se condiciona el financiamiento del candidato[2]-), sino también porque uno de los atractivos de tal servilismo (además de los pagos directos) para los funcionarios públicos corruptos (que son los que usualmente llegan a los cargos fundamentales precisamente porque ello es parte del diseño del sistema político) es el saqueo de las instituciones públicas. A nivel político-burocrático la corrupción es una consecuencia inevitable del ejercicio de poder en las sociedades de clase (por eso el pueblo debe estar siempre vigilante y organizado frente a ella, porque la corrupción no ocurre nunca el favor de las mayorías, sino únicamente de una minoría -sea cual sea, pero siempre en última instancia de la clase dominante, que abre portillos favorables para la acumulación de capital, portillos los cuales están cerrados legal y formalmente, por lo que su apertura es posible únicamente a través de la corrupción-), mientras que desde el punto de vista político-ideológico es producto del desclasamiento, es decir, de la falta de conciencia de clase de los miembros de la clase trabajadora que se corrompen.

En cuarto lugar, debe entrarse en detalle de las empresas transnacionales (pertenecientes a los países industrializados) y el comportamiento comercial de los países comerciales en relación a las políticas comerciales que le “sugieren” (con un garrote financiero en una mano y un garrote militar en otra) a los países pobres que tomen. Para nadie es un secreto que las políticas del “consenso” de Washington (curiosamente usan semejante palabra cuando no participó ninguno de los países a los que les “sugirieron” esas políticas, seguramente los imperios tienen una forma peculiar de comprender el diálogo con las demás naciones) no son seguidas por Alemania (que hasta la fecha no ha dejado entrar a Walmart y de eso no se ve ningún titular en los periódicos de “comunistas enemigos del libre mercado” y que tiene una participación estatal en la economía que en el último medio siglo -e incluso más atrás- no ha bajado del 50% como porcentaje de su producto interno bruto), muchísimo menos por Estados Unidos [en el cual la FED le presta a tasa cero a los bancos privados (y que, de hecho, es una institución bajo el poder de privados, específicamente de los banqueros privados estadounidenses, la cual obtiene los fondos para operar de los ingresos federales, que en un país en donde los ricos no pagan impuestos -y de ahí el movimiento de protesta social estadounidense Occupy WallStreet suscitado alrededor de 2011- es recolectado fundamentalmente del pueblo -un pueblo que pagó la crisis financiera de 2008 que precisamente los banqueros privados estadounidenses generaron, y ello lo define magistralmente Joseph Stiglitz en su artículo “Capitalistas Estúpidos” disponible fácilmente en la web-), en que el sector agrícola existen fortísimas barreras arancelarias que no cumplen ningún criterio de libre mercado y muchos otros aspectos relacionados por la característica común de ser justamente lo contrario que recetan en materia de política económica (tanto fiscal como monetaria)], Canadá, Suecia o cualquier país industrializado (al menos no hasta inicios de este siglo, sobre lo que se hablará más adelante).

Además, para nadie es un secreto que estas grandes empresas transnacionales que absorben por medios legales y otros no tanto a las empresas nacionales de los países no-industrializados no pagan impuestos en los países pobres a los que llegan, prueba de ello fue el golpe de Estado de tipo militar generado en la embajada de los Estados Unidos que se le dio a Jacobo Arbenz en Guatemala por plantearle a la United Fruit Company que pagara los impuestos que el reglamento fiscal guatemalteco de aquel momento establecía (que era previo a su llegada a la presidencia), el golpe de Estado (también de carácter militar) orquestado por la burguesía chilena y la embajada de Estados Unidos en Chile a Salvador Allende durante el siglo pasado (que recuérdese, no fue hace mucho) y en general, todas las sanguinolentas dictaduras militares de derecha instauradas por toda América Latina durante el siglo pasada que llevaban el sello de sangre de la democracia del tío Sam, con la “solidaria” finalidad de explotar y expoliar a nuestros pueblos.

El refrán “Candil de la calle, obscuridad del hogar” puede invertirse y de ello se obtiene “Candil del hogar, obscuridad de la calle”, que describe precisamente el comportamiento moralmente hipócrita y económicamente eficiente de los gobiernos de los países industrializados (que expresan los intereses políticos de la clase dominante), cuyas sociedades son sociedades modelo fundamentalmente porque logran trasladar todas las contradicciones sociales aparejadas a los procesos de acumulación de capital de la burguesía a las sociedades subdesarrolladas, agudizando así su subdesarrollo. ¿Acaso en Estados Unidos, considerando el mismo momento histórico en la comparación, se han pagado alguna vez los mismos salarios, dado las mismas prestaciones laborales, trabajado la misma cantidad de horas, se han dado la misma cantidad de días vacacionales, se han vulnerado con la misma intensidad los derechos laborales (salvo para el caso de los indocumentados, por eso es que la inmigración no se acaba y a los grandes capitales de los países industrializados es a los que menos les conviene que se acabe), se ha hecho la misma optimización en el uso de los recursos naturales (Estados Unidos desea obtener el petróleo de medio oriente y Venezuela, pero curiosamente evita tocar sus reservas de petróleo), se evade y elude la misma cantidad de impuestos, etc.? Evidentemente que no.

Nótese que las maquilas estadounidenses y alemanas que esclavizan a niños y niñas en China y Vietnam (por mencionar algunos), las maquilas que explotan inclementemente por salarios de hambre a mujeres y hombres en países como Honduras, El Salvador y Guatemala (por mencionar algunos) “curiosamente” no están en sus países de origen ni en ningún país industrializado [salvo China y tras la industrialización es bien conocido que alrededor de 2008 China decidió migrar a un modelo de “crecimiento desde adentro” (puesto que la economía mundial entró en recesión, la demanda mundial se contrajo y aunque siendo China un país cuyo crecimiento en las últimas décadas se había basado fundamentalmente en la demanda de bienes y servicios del resto del mundo -por eso es que crecía tanto su PIB a pesar de los bajísimos salarios y vulnerabilidad laboral, que fueron los aspectos del entorno de trabajo chino que atrajo a las empresas occidentales-, no se vio afectado significativamente por las contracciones de la demanda mundial suscitadas desde la crisis financiera de 2008 debido a que -como reporta Marcelo Justo en su artículo para BBC Mundo titulado “Los países en los que más subió el salario mínimo” publicado el 5 de marzo de 2015- las autoridades chinas ya habían planificado y anunciado al público desde antes de la crisis que la economía china migraría hacia un modelo de crecimiento basado en la demanda interna, por lo que previo a la crisis ya se había dado inicio a una redistribución del ingreso al interior de China para que la demanda interna de consumo final de tantos millones de chinos estimulase a la economía China en lugar de la demanda del resto del mundo -por lo que entre 2005 y 2015 el salario mínimo subió entre el 8% y el 13%, mientras que reporta la web Expansión/Datosmacro.com que el salario mínimo interprofesional en China pasó de 170.3 euros en 2013 a 271,6 euros en 2018- y así fue como China pudo a pesar de la contracción de la demanda mundial continuar creciendo y consolidarse como imperio hegemónico -lo que ocurrió en el contexto de la crisis sanitaria del COVID-19- l), por lo que las maquilas occidentales están empezando a migrar progresivamente a países como Vietnam, porque un modelo basado en demanda interna -que es el que los países industrializados tienen- no es compatible con salarios de hambre y aspectos afines de los puestos de trabajo que las maquilas de esos mismos países industrializados quieren tener en otros países], las tienen precisamente en los países subdesarrollados, en los países pobres, ¿entonces qué interés pueden tener en que los países pobres se desarrollen?, el mínimo sentido común indica que ninguno. Adicionalmente, conviene decir que tampoco les interesa el cuido del medio ambiente cuando no es el medio ambiente de ellos y prueba de ello es que las empresas canadienses son bien-conocidas por practicar minería de cielo abierto en los países de América Latina.

Por supuesto, aquí no se ha mencionado en lo absoluto el saqueo que los países europeos industrializados hacen a los países europeos no-industrializados, como lo han sido históricamente Grecia, Portugal e incluso España (que es una extraña criatura económica, puesto que es relativamente industrializada -no al nivel de Alemania, pero es industrializada-, pero es saqueada sin miramientos por la burguesía local del país y por la burguesía extranjera, fundamentalmente por la burguesía dueña del imperio Alemán -evidentemente son imperio, que no tengan las formas cavernícolas de Estados Unidos es otra cosa-, que es la que fundamentalmente saquea en toda la Europa subdesarrollada -tampoco Alemania le presta a Grecia, España o Portugal para sacarlos del subdesarrollo, eso sería como “pegarse un balazo en los pies”, puesto que las repúblicas dependen de lo que saquea el imperio, para el caso de las repúblicas imperiales-), pero de ello no sólo habla el Nobel de Economía Joseph Stiglitz en su artículo “La captura de BCE” (en referencia a como los capitales financieros europeos controlan el Banco Central Europeo) sino también está el célebre caso de cuando un presidente del Fondo Monetario Internacional (Dominique Strauss-Kahn) que quiso condonar la deuda griega (porque como ya han planteado tanto Joseph Stiglitz y Paul Krugman -también Nobel de Economía- como el mismo Yanis Varoufakis -el Ministro de Finanzas de Grecia a cargo cuando se llevaron a cabo las renegociaciones de deuda con la Troika- cuenta en diversas entrevistas disponibles en YouTube, algunas en conjunto con Joseph Stiglitz, otras con Salajov Zizek y otras con Noam Chomsky sobre la negociación, Varoufakis recibió amenazas telefónicas respecto a la seguridad de su hijo si no paraba en su línea de negociación -contraria a la de los capitalistas alemanes, pero él siguió, como debe de ser, cuando alguien enfrenta al capitalismo está buscando garantizar la supervivencia de la especie y cualquier daño colateral que no sea la especie en general, el pueblo, es aceptable-, así como también pruebas tanto de acción como de palabra por parte de los negociadores alemanes que los capitalistas financieros alemanes no querían que se les pagara la deuda, porque la deuda no sólo tenía que ver con la rentabilidad del capital, sino que también tenía un componente político: querían subyugar a Grecia políticamente -había llegado un partido de izquierda al poder, el Syriza- para poderla mantener subyugada económicamente, por lo que para que las negociaciones siguieran, tras la cobardía del presidente democráticamente electo -y que había planteado en un referéndum al pueblo griego si querían enfrentar las consecuencias de decidir no pagar la deuda a los banqueros alemanes y el pueblo votó maravillosamente que ¡SÍ!-, Yanis Varoufakis tuvo que renunciar para que las conversaciones continuaran -ahora en un tono dócil para con los capitales financieros internacionales-, lo que fue una traición flagrante al pueblo por parte de la “izquierda” griega.

 Así, queda desmontado otro mito, todo ello sin mencionar el papel que desempeñan los fondos buitre en la política económica de los países subdesarrollados ni el saqueo que se realiza del continente africano y de los recursos de Medio Oriente. Sería interesante comparar los ingresos que los grandes capitales internacionales obtienen en la suma de toda la economía subdesarrollada (tanto los legales, como los ilegales fruto del tráfico ilegal de armas y drogas -que es más permisible por los políticos en los países pobres-, el trabajo esclavo que las empresas de diamantes estadounidenses explotan en África, el valor de los recursos naturales que se apropia sin pagar nada a cambio) versus los que obtienen sólo dentro de los Estados Unidos para tener una idea aproximada de la magnitud del saqueo realizado a América Latina, África Medio Oriente. Esto lo expresa Marx al plantear que el mercado mundial sólo traslada las contradicciones internas del capitalismo a una esfera de acción más amplia o, en palabras del politólogo Dagoberto Gutiérrez, toda república imperial (una república que se desarrolló lo suficiente en el contexto internacional de las clases sociales como para convertirse en imperio también) está compuesta precisamente de la república como tal y del imperio como tal, y es en ese sentido que el florecimiento de la república depende de lo que saquea el imperio de las colonias que subyuga. Por supuesto, aunque esto ocurra con Estados Unidos (precisamente a medida fue siendo suplantado por China y Rusia en el mercado mundial como potencia hegemónica es que el florecimiento de su república se fue viendo condicionado progresivamente hasta llegar a la penosa situación actual en la que se encuentra -la razón de ello es que el excedente o plusvalía mundial se redistribuye de diferente forma al cambiar la hegemonía, de una forma que progresivamente ha ido siendo cada vez menos ventajosa para el imperio estadounidense-) no es la primera vez que ocurre y esto es una característica de todo república imperial, que es un fenómeno social de escala planetaria en que la lucha de clases alcanza su expresión más general, tal fue el caso de los romanos en relación a la expoliación que realizaban de los pueblos bárbaros durante la era del modo de producción esclavista.

Ahora llegó el turno de abordar la ampliamente difundida idea (y seguramente compartida por la mayoría de personas -la alienación es poderosa-) de que el saqueo colonial no tiene influencia en las condiciones socioeconómicas actuales de los pueblos de América Latina y África o, en general, que el pasado no tiene influencia en el presente (que es sólo la esencia de la primera idea). En la obra Capitalismo Tardío del gran economista marxista Ernest Mandel se establece que el valor del oro saqueado a América equivalía a diez veces la totalidad del capital ferroviario en la Europa de la época, llevemos ese hecho al presente (después será el turno de revisar si el número de veces referido es correcto o incorrecto).

Es evidente que en la época de la implementación y difusión de la revolución industrial las empresas que más capital movían eran aquellas que pertenecían precisamente al sector ferroviario, puesto que ese sector o rama productiva (utilizando la jerga marxista) movía no sólo las máquinas a vapor como tales (como innovación en sí misma), sino el acero con que dichas máquinas se construía y el acero con el que se construían los caminos sobre los que tales máquinas se desplazaban, lo que en medio de un proceso de expansión industrial generalizado en todo un continente (la revolución industrial se manifestó fenoménicamente por vez primera en 1760 en Manchester -seguramente un día lluvioso, ¿o será que ese día no llovió?- y su implementación generalizada en Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá se consolidó en 1840) no parecería ser poca cosa, sobre todo tomando en cuenta que como reporta Marx en el tomo I de El Capital, a su vez tomado de los informes oficiales de carácter público de la época que en la obra del autor judeo-alemán se pueden encontrar bien referidos, se aprobaron decretos reales para que la naciente burguesía saqueara por medios violentos (y otros no tanto) las iglesias y las tumbas de los santos para extraer cualquier pertenencia de oro (incluyendo sus dientes de oro) para acuñar moneda, lo que por sentido común parecería indicar que en términos de las necesidades de circulación del capital europeo de esa época no existía suficiente oro y, por el contrario, llegó incluso a ser sumamente escaso en relación a tales necesidades; simplemente como información adicional de interés hay que mencionar que también emplearon medios violentos para expropiar de sus tierras a los productores directos (seguramente más violentos, porque la Iglesia no estaba absolutamente desprovista de poder) y que eso, junto con acciones de igual estatura ético-moral (júzguese de tal ética y de tal moral como se juzgue), constituye el “secreto” de la acumulación originaria de capital.

No sólo no parecería ser no-despreciable el impacto del saqueo de oro realizado por los europeos en términos de los recursos iniciales de los que se dispuso al constituir las repúblicas en América (fundamentalmente en América Latina) tras los procesos independentistas suscitados en el continente, sino que además parece haber sido fundamental en que el capitalismo europeo lograra funcionar, puesto que no debe olvidarse que los inicios de la revolución industrial en Europa no fueron decorosos ni mucho menos y están perfectamente documentados grotescos hechos como jornadas laborales de 18 horas para hombres, 16 para mujeres y 14 para niños y niñas, hacinamiento en las fábricas, la contratación de asesinos a sueldo (los famosos “rompehuelgas”) en caso los obreros se organizaran para pedir un poco de dignidad y con el fin de ser breve conviene decir “etcétera”. El capitalismo europeo se edificó sobre el sudor, la sangre y el llanto de América, fundamentalmente de América Latina.

Ahora es el turno de abordar el factor de escala, es decir, que el saqueo de oro tuvo una relación de 10 a 1 con el capital ferroviario. Asúmase que Mandel infla maliciosamente la cifra el doble (por decir un número relativamente arbitrario), se obtiene una relación de 5 a 1 y luego asúmase que Mandel toma el dato de una fuente que recoge esa cifra con un error del 50%, por lo que quedaría una relación de 2.5 a 1 y, finalmente, asúmase que la contabilidad macroeconómica de la época tenía profundas deficiencias y recogía los datos también con un error del 50%, por lo que se tiene una relación de 1.25 a 1, es decir, del 125%.

Evidentemente las necesidades conjuntas de capital y de circulación en el momento de la primera gran revolución industrial de la historia parecen haber sido más duras (incluso socialmente) que las que se observan en 2021 con la pandemia del COVID-19, sin embargo, con tomar esta pandemia de referencia será suficiente para terminar de exponer el punto, el cual no es más que una simple pregunta: ¿Qué impacto tendría para un empresario en la actualidad en términos de la consolidación de su empresa y de su futura tasa de acumulación de capital (la tasa a la que la plusvalía -el capital- se reproduce a sí misma o, lo que es lo mismo, a la que la inversión del capitalista retorna y expande el volumen del capital en funciones) que en este contexto de la crisis sanitaria y la crisis económica alguien por alguna razón le regalara un capital por un valor del 125% del capital que tiene en funciones (sin intereses, sin trucos, sin implicaciones legales por estafa o algo por el estilo)? De nuevo, resulta evidente que el capitalismo europeo se edificó sobre la sangre, los huesos y el llanto de América, fundamentalmente de América Latina, además de la obviedad del impacto que tuvo en América ese saqueo (todo lo que se podría haber hecho con tales recursos), todo ello sin mencionar aún el impacto en la acumulación originaria de capital y de la acumulación de capital que permitió consolidar la revolución industrial que tuvo la fuerza de trabajo esclava que obtuvieron por medios bélicos en toda América (y ese no es un detalle trivial, porque el Imperio Romano, el imperio más grande de la historia, se hizo sobre la base de los esclavos y los saqueos -e igualmente hizo la clase feudal-, así que en el mejor de los casos fue “únicamente” significativo).

En un mundo en que las cosas funcionen con absoluta justicia ellos deberían devolver todo lo robado con los mismos intereses usureros que sus instituciones financieras le prestan a los países de América Latina o pagar esa deuda de sus ancestros con su propia sangre, pero evidentemente no estamos en el mundo del justo sino del fuerte, es una selva maliciosa, porque no todos llegan a la selva con los mismos insumos (por lo que no para todos la selva es tan salvaje), prueba de ello es que a América Latina no llegó la revolución industrial y mientras ocurría en Europa aquí se luchaba por librarse del yugo colonial de los invasores asesinos que mezclaron a los pueblos originarios con violadores, asesinos, secuestradores u otro tipo de lumpenproletariado, es decir, que no obligaron a América Latina a mezclarse con sus mejores hombres (y aquí sí aplica decir únicamente hombres porque los que cometieron esas atrocidades -directamente, porque en general todos fueron cómplices-), sino, por el contrario, con la putrefacción de su sociedad; en Estados Unidos simplemente extinguieron a los indígenas sin mezclarse con ellos y dejaron unos pocos a manera de “exhibición” en ciertas jaulas forestales masivas a las que llaman “reservas indígenas”, como si se tratase de alces o venados, cosas de la democracia yankee (por eso no debería parecer extraño lo que hicieron y hacen en Washington con los niños y niñas sin-documentos, no sólo Trump sino también Biden, lo hacen hecho desde la fundación del país). Finalmente, conviene recordar que el saqueo no sólo continúa de manera financiera (con la agudización de déficit y préstamos con tasas de usura para “subsanar” esos déficit -hasta la fecha ningún país los ha logrado subsanar con esas recetas-), sino también con los tratados de libre comercio asimétricos antes mencionados que no sólo desmantelan el tejido productivo nacional sino que permiten jurídicamente aberraciones como que únicamente empresas estadounidenses pueden tener un monopolio (ese es el caso para El Salvador en el CAFTA-DR, lo que entra en conflicto flagrante con la Constitución Política de dicho país, puesto que esta establece que únicamente el Estado puede -y ahí se denota claramente la filosofía del fundamentalismo de libre mercado: el mercado por encima del Estado o, lo que es lo mismo, el capital por encima de los seres humanos-).

Lo anterior no contempla el hecho de que estos tratados comerciales permiten, explícita o implícitamente (el economista salvadoreño Raúl Moreno ha escrito abundantes y precisas investigaciones al respecto), que los países industrializados patenten la biodiversidad existente en los países pobres sin remunerar de ninguna forma al país que posee esa riqueza natural y luego utilizar esa biodiversidad para crear medicamentos que venden en los países pobres (de los que extrajeron los principios activos) a precios exorbitantes (que están muy por encima de las condiciones técnicas de producción de esos medicamentos y, sobre todo, muy por encima de los costos reales de los insumos, puesto que la biodiversidad la consiguieron gratis -así como el oro con espejos-, a lo sumo puede considerarse el gasto de transportarla -lo que es trivial en comparación al gasto que podría representar adquirir la biodiversidad y patentarla -¿a cuánto la venderían ellos si el caso fuese a la inversa?-), entre muchas otras cuestiones que sobraría mencionar porque el punto ha quedado contundentemente demostrado, por ejemplo, que muchas veces esos medicamentos servían para curar enfermedades que ellos mismos habían provocado mediante experimentos que se hacían a espaldas de la gente utilizándola como conejillo de indias, lo cual está perfectamente documentado para el caso de Guatemala y de Puerto Rico, pero seguramente no han de haber sido los únicos países en probar “las mieles” de la democracia internacional yankee (todo lo anterior -referente al saqueo actual- por mencionar un par de cuestiones, a fines de brevedad). Entonces el saqueo no sólo ocurrió, sigue ocurriendo y las generaciones presentes del “viejo” continente son por tanto tan culpables como sus ancestros puesto que el capitalismo europeo sigue construyéndose y siendo funcional

Y ahora llegó el momento de cerrar esta exposición ahondando en por qué la violencia es la partera de la historia y en qué condiciones está justificada la violencia en la lucha social como necesidad histórica de los pueblos. Al analizar la evolución del capitalismo resulta evidente que todo derecho social conseguido por la clase trabajadora le ha sido arrancado por la fuerza a la clase capitalista (desde la jornada laboral de 8 horas, hasta el salario mínimo, el aguinaldo, el derecho a voto de las mujeres, entre otros), salvo el derecho a que las mujeres pudiesen trabajar (ya hablando en la época en que se asentó la revolución industrial) porque eso les convenía debido a que ocasionó una caída de los salarios (por la simple ley de oferta y demanda), aumentaba el número de desempleados (ejército industrial de reserva o superpoblación relativa, con la importancia psicológica que esto tiene para que el trabajador o trabajadora se auto-explote por miedo a perder su trabajo) y fijando la producción a un nivel determinado, aunque los salarios unitariamente disminuyan la masa salarial aumenta lo que indefectiblemente favorecerá siempre a la clase capitalista en su acumulación de capital, pero no necesariamente a la clase trabajadora (dependerá de las circunstancias concretas puesto que habría que ver los valores específicos que los cambios en los salarios reales tomaron -manteniéndose constantes las demás cosas, como las mediciones estadísticas de la canasta básica, por ejemplo-, pero si tales cambios son negativos no es un hecho favorable, salvo que sean positivos).

Las mujeres están exigiendo un cambio en la cultura de aquellos hombres que son cómplices significativos del machismo (y de las aquellas mujeres cómplices significativas del machismo también), sin embargo, es evidente que estos cambios sólo pueden llegar con políticas públicas que refuercen la seguridad para las mujeres (que no debe confundirse con militarizar la sociedad -muy del gusto de las oligarquías de América Latina y de las burguesías de ahí también-) y con campañas públicas feroces contra el machismo que la sociedad padece como enfermedad estructural.

La cuestión se complica considerando que la realización de las dos políticas públicas antes mencionadas (necesarias para satisfacer el justo pedido de las feministas) exige recursos (que deben obtenerse de arcas públicas saqueadas por la clase dominante local, la clase dominante extranjera y la clase gobernante local), que la clase dominante es y ha sido siempre patriarcal (el “caldo de cultivo” de la opresión entre seres humanos es la opresión del hombre hacia a la mujer, como expone magistralmente Engels en El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado -en este sentido la clase burguesa no es la excepción-) y ello no parecería ser poca cosa, además del hecho evidente de que esas dos políticas públicas exigen un conjunto de políticas públicas complementarias considerando cuán arraigado está el machismo en la psique social (lo que implica un control de políticas en el tiempo en miras a maximizar periódicamente su eficacia -optimizarlas-) a nivel mundial, independientemente de que tome formas más crudas y visibles en América Latina (al menos en general, claramente puede haber excepciones a ello), puesto que está asociado a la lucha de clases, la distribución del ingreso y otra serie de variables fundamentales del sistema de economía política capitalista en general (aquí no se está refiriendo únicamente al sistema de economía política capitalista como sistema productivo -en particular-, sino como sociedad o sistema social). Los recursos necesarios para semejante política pública, al menos en América Latina y fundamentalmente en América Latina en tiempos de la crisis sanitaria y económica, no parecerían poder salir de otro lugar que no sea de captar más impuestos de la clase trabajadora (lo que no parece ser fácil de hacer, puesto que subir salarios podría perjudicar sus ganancias, las arcas públicas están vacías -ellos y sus esbirros las han saqueado- y cobrar más impuestos sobre el consumo -regresivos, los que paga el pueblo- no sólo agudizaría con total seguridad la crisis económica sino que podría perjudicar sus ganancias si la demanda de consumo final cae lo suficiente -que es lo que lo único que les importa-) o por fin “animarse” ellos a pagar impuestos (lo que parece una utopía sumamente abstracta, si fundaron estos países precisamente para no pagar impuestos).

¿Cómo un estado de cosas como el anteriormente descrito (fundado sobre la sangre derramada con violencia, el hambre, el engaño, la manipulación ideológica, las falsas esperanzas y en el que a quienes beneficia tal estado de cosas no les resulta conveniente que dicho estado de cosas cambie) se podría alterar mínimamente sin violencia? Exigirles a las mujeres que salieron a manifestarse un comportamiento “civilizado” no sólo no parece tener un significado libre de ambigüedades, sino que es exigirles que no busquen alterar el estado de cosas, puesto que quienes critican ese uso de la violencia son quienes (por conveniencia o alienación ideológica) conciben como civilización el estado de cosas actual. Lo mismo aplica para el caso del racismo y las manifestaciones desatadas en Estados Unidos a raíz del caso de violencia policial que devino en la trágica muerte de George Floyd.

No parece ser válida la réplica “Esas no son formas”, porque las formas contrarias no han generado ningún resultado en varias décadas (al menos desde la última década del siglo pasado se viene hablando de erradicar el machismo y en América Latina cada día se agudiza más -y parece que en Europa en general no es muy diferente-) y son ellas quienes viven, respiran, caminan, sueñan, piensan, aman y extrañan angustiosas y temerosas, acomplejadas, traumadas. ¿No son formas?, recuérdese la definición de la cualidad de violento, “Que implica una fuerza e intensidad extraordinarias”, es decir, fuera de lo ordinario, ¿y con qué está relacionado lo “ordinario” ?, pues la palabra “ordinal” significa según el diccionario de la RAE ya citado “Perteneciente o relativo al orden” y en este sentido, entendiendo orden como el orden natural de un sistema de economía política en general y considerando que la definición de violentar es, según el mismo diccionario de la RAE, “Aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia”, es evidente que las manifestaciones tenían que ser violentas y violentar al estado de cosas actual (por eso la humanidad ha usado y seguirá usando la violencia en una sociedad en que no se puedan poner de acuerdo sus individuos a causa de la existencia de intereses irreconciliables -los intereses de clase-). De hecho, una definición alternativa de “violentar” es “Entrar en una casa u otra parte contra la voluntad de su dueño”, si se sabe que las repúblicas son las fincas de los burgueses y oligarcas “latinos” (siempre suelen tener más ascendencia europea que de otro tipo), pues las chicas de hace unos días decidieron irrumpir en la casa negociar contra la voluntad de su dueño porque el dueño se negaba a salir a dialogar. En realidad, a los dueños de estos países nunca les ha gustado el diálogo, porque hay que ser una clase dominante con mucha inteligencia para ser partidaria del diálogo y no parece realista esperar eso de clases dominantes no-industrializadas, al fin y al cabo, en las sociedades de clase la psique de la clase dominante se refleja (aunque de forma distorsionada) en la psique de la clase dominada (en eso consiste la alienación) y es perfectamente entendido por todos que el subdesarrollo no sólo es material, también tiene elementos subjetivos, psicológicos[3]. Si existen violaciones sistemáticas a los derechos de un sector masivo de la sociedad (las mujeres) que emanan de las políticas que los dueños de la casa dictan a los administradores de la misma (la clase gobernante, los políticos de profesión), se busca dialogar con ellos al respecto y estos se niegan a dialogar con el sector social afectado, considero que mi abuela estaría de acuerdo en decir que es justo aplicar el refrán “El vivo a señas y el tonto a palos”. Ella seguramente no había leído a Gramsci, pero había leído la vida misma.

Que sea esta era entonces la era de las revoluciones a toda escala o, por lo menos, que sea la era en que la humanidad empiece a transitar irremediablemente hacia su extinción por no poderse entender entre sí, como sí lo logramos hace tantos miles de años cuando salimos de África en busca de nuevos horizontes y superamos como homo sapiens a los neandertales en la desenfrenada carrera por la supervivencia enfrentando como enemigo común a una naturaleza inclemente para el nivel de precariedad tecnológica de la época. Jamás se debe olvidar que el neandertal era más inteligente (o eso se suele presumir porque su cerebro era más grande -indicio de una mayor capacidad del lenguaje abstracto[4]-) que nosotros el homo sapiens, ¿en qué lo superamos entonces?, en que nos pudimos entender, es hora de iniciar un éxodo inverso hacia nuestras raíces (que seguramente durará algunos siglos) o desaparecer irremediablemente a causa de nuestra estupidez, la cual curiosamente es una característica únicamente de los animales racionales.


[1] Estas leyes no son de carácter físico o químico, puesto que las leyes de la química y la física son leyes generales, puesto que la realidad es multifacética y la materia analizada en distintos contextos se caracteriza cualitativamente de forma diferente (un edificio desde el punto de vista contable es capital fijo, desde el físico es meramente materia con forma y volumen, desde su proceso de producción es un producto, desde el punto de vista de la ciencia de materiales es un conjunto de materiales -abordados desde una perspectiva técnica específica, evidentemente-, desde los procesos de optimización de topología aplicados en Ingeniería Civil es la función objetivo a optimizar, etc.).

[2] En Estados Unidos, el 21 de enero de 2010 la Corte Suprema de Justicia decidió fallar a favor de la propuesta de la organización “Citizens United” (una “ONG” conservadora de los Estados Unidos), donde se declara que restringir la magnitud de las donaciones (que tenían como fin que una persona ordinaria y un billonario pudiesen donar lo mismo) era una violación a la libertad de expresión; y además que las corporaciones y los partidos políticos tienen derecho a este tipo particular de libertad de expresión, pero las personas naturales no, porque podría llevar a corrupción. A las personas naturales aún se les limita las contribuciones a $2,700, pero las corporaciones y grupos externos no tienen límite en sus contribuciones indirectas, lo que significa que el dinero no puede ir directamente a un candidato, sino que tiene que pasar por unas organizaciones llamadas “Super PAC’s” (oficialmente conocidos como “Comités de Acción Política Independientes solo para gastos”, pueden realizar gastos políticos ilimitados -en, por ejemplo, anuncios- independientemente de las campañas, pero no pueden coordinar ni hacer contribuciones a campañas de candidatos o partidos -no directamente, por supuesto, sino en la forma descrita antes-). A diferencia de los PAC (“Political Action Committiees”) tradicionales, los Super PAC pueden recaudar fondos de individuos, corporaciones, sindicatos y otros grupos sin ningún límite legal en el tamaño de la donación.), creada explícitamente para beneficiar una situación política o candidato y se le permite hacer casi todo lo que a una campaña política se le permite: puede pautar en medios publicitarios, incitar al voto, tener mítines, compilar registros postales, dirigir investigaciones, incluso pueden pagar salarios a personas para trabajar en una campaña de forma puntual a favor o en contra de un candidato -la única estipulación real es que un Super PAC no puede coordinar directamente con una campaña o partido que apoye, pero sí, por ejemplo, pueden ser dirigidos por ex miembros de esta campaña o ex miembro de un partido que estén en contacto directo con el candidato. Las elecciones de 2008 fueron las más caras de la historia de Estados Unidos hasta ese entonces, con una contribución por grupos externos de 143 millones de dólares. En el 2020, esas contribuciones ascendieron a 3 mil millones de dólares. Además, es muy poco probable poder cambiar esto en el futuro cercano, porque requeriría una enmienda constitucional, lo cual requiere un voto de 2/3 del congreso por parte de ambos partidos, o bien otro fallo de la Corte Suprema de Justicia, la cual tiene una mayoría conservadora de 6-3, lo cual es más aún que cuando se aprobó la iniciativa propuesta por Citizens United en 2010, lo cual significa que los multimillonarios pueden gastar cantidades ilimitadas de dinero para apoyar a un candidato a que apruebe leyes que beneficien a sí mismos y a estos mismos multimillonarios y no hay nada que se pueda hacer para evitarlo… al menos no desde el orden, pero sí desde el desorden.

[3] Lo que en la época de Marx y Engels se decía “espirituales”, quizás gracias a ese halo de misticismo heredado de los antiguos griegos y la misma literatura de la era feudal en que la ciencia no se había generalizado lo suficiente en la sociedad (ni desarrollado lo suficiente en sí misma) para que la realidad se concibiese de otra forma que con cierto misticismo.

[4] Se presume que eran más inteligentes porque su cerebro era más grande. Además, la investigación realizada por Sverker Johansson titulada “Habilidades del Lenguaje en Neandertales”, publicada en la revista Anual Review of Linguistics (volumen I) en enero de 2015 señala en su abstracto que: “Las habilidades del lenguaje de los neandertales no se pueden observar directamente, pero hay evidencia indirecta disponible en su anatomía, arqueología y ADN. La anatomía neandertal muestra posibles adaptaciones del habla, y su arqueología contiene suficientes indicadores de modernidad conductual, incluidos símbolos y ornamentos, para concluir que sus mentes podrían manejar la comunicación simbólica. El ADN de los neandertales, finalmente, indica que poseían algunos de los genes relevantes para el lenguaje que se encuentran en los humanos modernos y que podían tener hijos con los humanos modernos y los tuvieron. De la coherencia de la evidencia de la anatomía, la arqueología y el ADN, se puede concluir que algunas habilidades del lenguaje, si bien no necesariamente el lenguaje sintáctico moderno completo, estaban presentes en los neandertales.”